Relato de Taño y Eluska

 

 

¿Qué pretexto usar cuando se quiere conocer a la vecina de arriba y no hay intermediario que te la presente ni motivo que provoque una visita?. Lo que le pasa a Taño, el protagonista masculino de esta primera historia, es que no tiene el nuevo listín de teléfonos para llevarle ni ha surgido un asunto que exija reunión de vecinos, y se niega a recurrir al manido enganche de “me falta sal, ¿podrías darme una pizca?”. Necesita la receta de la iniciativa con inventiva. Necesita que ocurra algo inusual. Necesita que la vecina deje el balcón abierto para que oiga un cierto número de canciones que, curiosamente, él también tiene. Todas y cada una de las canciones que la vecina pone en su equipo de música a volumen exhibicionista, están repartidas entre sus viejos discos que conserva con nostalgia. A veces, él capta al instante a qué álbum pertenece la música que suena desde arriba y pone el suyo para que coincidan los temas y  se redoble el sonido. ¿Se da  cuenta la vecina del detalle?. No lo parece. Taño va a tener que reafirmar su presencia presentándose ante ella si desea entablar una relación. Una relación que le mantenga alejado de su inseguridad y refuerce su autoestima. Taño necesita que le tengan en cuenta. Pinta cuadros e intenta venderlos. No lo está consiguiendo. Y eso que explora todos los estilos para no restringir su mercado. Ahora está concentrado finalizando un cuadro que va a titular  “La chica de los lindos mofletes”. Sobre el lienzo ha hecho, con un pincel  atado a un compás, un círculo perfecto. En ese círculo ha pintado dos ojos, dos cejas, una nariz, una sonrisa y dos semicírculos que semejan ser las hinchadas mejillas. Fuera del círculo ha pintado dos orejas y, sobre él, mucho pelo rojo. Sólo pinta la cabeza que, puestos a elegir, es más favorecedor que pintar sólo un pie. La retratada es un personaje inspirado en una persona que conoció, una persona que le ha dado muchas emociones en sus fantasías. Las fantasías son un bálsamo para los momentos de crisis. Y contra la crisis lo mejor son unos lindos mofletes, un cuadro pagado y una cita con la vecina de arriba. Decide que mañana se atreverá a subir a verla. Suena el “¡Salta!” de Tequila. Taño salta, eso le destensa. Mañana tendrá que saltar un poco más.

Mañana es ya esta mañana. Taño espera que lo reciba con simpatía, no espera antipatía. Quizá debería mentalizarse para cualquier decepción pero con él esto es en vano. Está muy ilusionado pensando que dentro de una hora tendrá una nueva amiga. Alguien con quien compartir sus miserias muy serias y su júbilo jovial.  Tendrá licencia para ser pelma antes de que la fecha de caducidad ponga en mal estado una sintonía que ella recordará que harto harta la ponía. La amistad se conserva desafiándola. Ésta es una conclusión a la que llegó Taño en uno de sus muchos días insípidos.

 

Menos mal que no son  insonoros. Si algo no falta en su vida es la música y, por lo que oye, tampoco en la de la persona que va a conocer. Más le conviene subir por las notas musicales que por las escaleras. Que sea por los dos caminos. Una escalera, dos, do, re, tres, cuatro, cinco, mi, fa, sol, seis, siete, ocho, la, si, do, nueve, rellano, diez, once, doce, do, la, sol, mi, trece, catorce, descansillo, quince, dieciséis, fa, re, la, diecisiete, dieciocho, diecinueve, mi, do, fa, sol, re, veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés, ya  está. Su puerta, su timbre. Que salga la moza. Relájate, Taño, relájate. Pasan unos segundos. La puerta se abre. Te está mirando. ¡Reacciona!.

– ¡Hola!.

– Dime: bermudas con piernas, camiseta con brazos y pelo pincho con cabeza, ¿quién eres tú?.

– Soy el vecino de abajo.

– ¡Carajo!. ¿Sabes lo que te diría si fueras el vecino del centro?.

– ¿Qué me dirías?.

– ¡Para adentro!.

Se dispone a entrar. Una mano le frena.

– ¡Pero como no eres el vecino del centro no te dejo pasar!.

Taño es muy sensible.

– ¡No seas así!. ¡Soy un buenazo!. ¡Ya verás cómo no te arrepientes de dejarme pasar!.

 

Para implicarla hay que aplicarse.

 

– Pasa, buenazo, pasa. La mitad de lo que digo son tonterías y la otra mitad son bobadas.

Taño accede a su vivienda. Normalmente, lo que suele hacer al conocer por primera vez una casa es visitar el cuarto de baño, ya que se lo suele pedir encarecidamente su vejiga. Y como está obligado a convivir para siempre con su vejiga, es mejor hacerle caso. Esta vez, sin que sirva de precedente, ha meado bajo el suelo que pisa. La vejiga aliviada. Él ,también. Distingue desde el pasillo el equipo de música, al fondo de la sala de estar. Con potentes bafles para que el sonido no deje dudas de por dónde  ha venido. Con certeras preguntas para que el recibido no deje dudas de por qué ha venido.

– ¿A qué has venido?.

– He venido a conocerte.

– Esa frase es mejor reservarla para el segundo día.

 

Se queda cortado. ¿Pero qué otra respuesta le iba a dar?. Ha sido sincero. La sinceridad gusta a las mujeres, ¿no?.

 

– ¿Cómo te llamas?.

– Taño. Me llamo Taño. ¿Y tú?.

– Yo me llamo Eluska.

– ¡Qué bonito!. Tu nombre se parece a… se parece a…..

 

La próxima vez ven más rodado, hijo.

 

– Se parece a Eloske, Ilesku, Ulaski, Alusko, Oliska y decenas de combinaciones más.

– Es que nunca se me dieron bien las combinaciones.

 

     Se van a la sala de estar. Él se sienta en una silla, ella pone un disco de Gabinete Caligari. Él también lo tiene. Suena “Camino Soria”.

 

– Taño, ¿eres maño?.

– No, soy  de más al norte, de Santander.

– Pues también somos vecinos autonómicos. Yo soy de Vascolandia.

– Doblemente vecinos, por lo tanto.

– Cuestión de geografía. No ha sido premeditado.

– ¿No te gustan las coincidencias?.

– No, si son coincidencias con reincidencias. Repasemos nuestros oficios.

– Yo soy pintor.

– Yo soy actriz.

– ¡Vaya!. ¿Has hecho cine?.

-No. No he tenido oportunidades ni me interesa. El teatro es lo que me seduce. Me han dado muchos premios.

– ¡Mira tú  qué bien!. ¿Y  no te chuleas?.

 

– No me hace falta, ya sé que soy la mejor.

– ¡Ya veo que no te chuleas!.

– Chuleate tú ahora.

– No puedo. Soy un fracasado. No vendo ni un cuadro.

– Pues dedícate a otra cosa.

– ¿Que me dedique a otra casa?, ¡si estoy muy a gusto en ésta!.

– ¿Crees que eres gracioso?.

– Eres un poco borde, ¿no?.

– Puedo llegar a ser un barranco, así que no te quejes.

– Procuraré no caerme cuando me arrime demasiado a ti.

– ¿Y por qué te tienes que arrimar demasiado a mí?.

– ¡Porque igual te pinto y empieza a cambiar mi suerte!.

– ¿Quieres utilizarme en tu provecho?. Mira…

 

     Eluska levanta un dedo corazón. Con razón es descorazonador recibir una respuesta tan firme.

 

– Da igual, seguiré pintando sin contar contigo.

– Cuéntame algo diferente.

– Te cuento que me gusta el disco que has puesto.

– Entonces voy a cambiar de disco. Jaime Urrutia ya ha llegado a Soria.

– Que nos mande una postal.

– Eso es. Voy a poner a Miguel Bosé.

 

– Pon “Te amaré”.

– No, mejor pongo “Te odiaré”.

-Bueno…pues pon la de “Bambú” .

– ¡Turá, Tué!.

 

Bosé canta. Eluska es dura de tratar, no está siendo muy amable con él. No le ofrece algo para beber o picar, no le ofrece respuestas que sirvan para que simpaticen. Taño insiste en desterrar cualquier posible tensión.

 

– ¿Y en teatro que estás interpretando?,  ¿un Lope de Vega?, ¿un Buero Vallejo?.

– Una obra titulada ” El reflejo de mi pellejo en el espejo”. La he escrito yo.

– Además de actriz, eres dramaturga… o comediaturga.

– Cubre los dos aspectos. Es una historia tragicómica.

– Es ambivalente.

 -Es evidente.

– Es transparente.

– ¡Sí!. Tiene mucho de transparente. Es una historia narcisista, la protagonista instala espejos por toda su casa. Tapa el techo, las paredes, los muebles y el suelo con los espejos. Lo hace para verse constantemente, le fascina observarse ininterrumpidamente desde que se despierta hasta que se duerme.

 

– ¡Peculiar fijación!. ¿ Y por qué le da por eso?.

– Porque no tiene con quien estar, porque quiere verse la cara mientras come… Hay motivos superficiales y profundos.

– Los espejos son su espejismo.

– ¡Claro!. Ése es el mensaje de mi obra.

– ¿Y hay más actores en tu obra?.

– Sí, y te puedes imaginar lo que piensan del hogar de una mujer que, mire a donde mire, ve su imagen.

– Pensarán que es el hogar de una mirona trastornada.

– Más o menos.

– Esa obra hay que montarla con una estudiada perspectiva sobre el escenario.

– Lógicamente, la parte que da al espectador queda descubierta. ¡Si no, no verían nada!. Pero, de todos modos, el resultado es espectacular. Además, muchos espectadores quedan reflejados en los espejos. Cuando das la espalda, actúas para el público que tienes detrás y lo ves delante. Muy estimulante.

– Notas si les gusta o no mientras recitas.

– Notas su presencia intensamente. No se escapan nunca de tu retina. Están metidos en tu casa aunque en los diálogos debes ignorarlos. Como lo tuyo y lo mío hoy, vamos.

– ¡Qué maja eres!… Pues, ironías aparte, ya me gustaría verte. ¿En qué sala actúas?.

 

– Bueno, esto es teatro no profesional. Cobro una entrada baratita. Las funciones son en el Birloque.

– ¡Ojalá coloque mi pintura en el Birloque!.

– Es el mejor refugio para los artistas. Si no dispones de medios, puedes trabajar tu obra allí y luego presentarla en su galería. Te  dan toda clase de facilidades, tanto si eres conocido como si no, tanto si tienes dinero como si no. Si quieres hacerte un hueco en el circuito cultural de Madrid, vete al Birloque.

– El nombre de Madrid viene de Madre, y a mí  me hace falta algo parecido a una protección materna.

– ¿Madrid viene de Madre?.¿Seguro?.¡Júramelo!.

–  Te lo juro por el flequillo de Loquillo.

– ¡Si Loquillo no lleva flequillo!. ¡Siempre lleva tupé!. ¡Qué mentiroso!.

– ¿Tú qué sabes?. ¡Igual fue  monaguillo y llevó flequillo!.

– Mejor ser un  monaguillo que un mono o un grillo. Como tú.

– ¿Qué pasa?, ¿hay complejos?. Yo no los tengo. Me siento muy orgulloso de descender del mono. Todos somos primos de los primates. Sobre todo del chimpancé, que es nuestro pariente más cercano. Antes que a un perro prefiero a nuestro hermano.

– Pues yo prefiero vivir con un perro antes que con un chimpancé. Me da que el segundo es más indomable.

 

– Es tu elección. Yo te hablo de esta otra: en la vida tienes que elegir entre caminar erguido y mancharte de mierda o caminar encorvado y librarte de ella.

– ¿Me estás hablando de política?.

– No, te estoy hablando de las cagadas de los perros.

– ¡Qué exagerado!.

– ¿Exagerado?. Mira, yo ya he asumido que voy a terminar jorobado pero déjame gritar esto: ¡mecagüen los dueños de los perros!.

– Tienes manía persecutoria con los ñordos caninos.

– Los ñordos caninos nos invaden la calle. Es un hecho. Y la culpa es de  los dueños por no limpiar la mierda de sus mascotas.

– Taño, ñordo, mocordo, chorongo. Estas palabras suenan a canción del verano.

– Claro, ¡como son una mierda!. Menos mi nombre.

– ¿Te pongo una canción del verano?.

– ¡No,  por favor!.

– La de “Aquí no hay playa”.

– En Santander, sí.

– En Donosti, también.

– Pon la de “No te olvides la toalla cuando vayas a la playa, uo  uo sa la lá ye ye ye yé”. Puturrú de Fua tenían su gracia.

– Aún me queda dignidad.

– Y además no tienes el disco.

– No es difícil adivinarlo.

 

– Pues podría adivinar muchos de los discos que tienes.

– ¿Ah, sí?.

– Pon el “Mediterráneo” de los Rebeldes.

– ¡Ése lo tengo!.Has acertado de chiripa.

– ¡De chiripa, no!.¡De oír tus canciones!.

– ¿Y por qué oyes las canciones que pongo?, ¿acaso las pongo altas?.

– ¡No!. Lo que pasa es que tengo el sentido del oído muy desarrollado.

– ¿Acaso paso de mis vecinos con la música?.

– Bueno, si tasaras y vendieras tus discos,  acaso te lo agradecerían.

– ¿Acaso taso mi casa y la vendo?, ¿por  qué iba a desprenderme de ellos?.

– No bases tu hostilidad en mis opiniones, ¡que he venido a conocerte y no a desquiciarme!.

– ¿Acaso baso mi hostilidad en tus opiniones?, ¿por  qué crees que pongo la música tan alta?, ¿crees que me importa escuchar a los demás?.

 

     Se puede controlar el mal rollo cuando es simulado. Eluska sabe cómo vacilar al personal, colega.

 

– Relájate, Taño.¡Que te estoy vacilando!.

 

¿Taño rebajarse a relajarse?. Con esta tía, imposible. Hay  que  estar alerta, salir en cualquier instante por la puerta; no quedarse a una distancia corta o en cualquier instante vendrá una torta.

– Ahora recuerdo a qué se parece tu nombre.

– ¡Has tardado lo tuyo!.

– Se parece a Alaska.

– ¿Alaska?. ¡Qué bien!. ¿Cómo se llamaba el grupo que le acompañaba?.

– Dinarama.

– No, ¡ése no!. El anterior.

– Kaka de Luxe.

– No, ¡ése tampoco!. El posterior.

 

Taño desconfía. Vigila sus manos.

 

– ¿El que formaban Carlos Berlanga, Nacho Canut, Ana Curra y Eduardo Benavente?.

– ¡Sí, ése!. El grupo del que pondré ahora la canción “Bailando”.

– Pues… creo… que…

– Sí… dime… dime.

 

¡Esas manos van a hacerte pupa!.

 

– ¡Los Besamoides!.

– ¿Los Besamoides?. ¡No digas paridas!. ¡Si no te iba a pegar por decir los Pegamoides!.

– Nunca se sabe.

– Si se sabe se besa.

– Otra vez será… ¿puedo ver tus discos?.

– Sólo si los ves con un ojo cerrado.

– ¡Cómo me estás vacilando!.

– Ahora no te estoy vacilando.

 

Alaska toma el relevo a Miguel. Eluska toma el pelo a Taño. Abre una balda y los discos aparecen apilados y apareados. Taño, antes de que el comportamiento voluble de su vecina le haga pasarlo verdaderamente mal, echa un rápido vistazo a los vinilos. Va repasando con el dedo dos listas: físicamente, la que se muestra ante sus ojos (bueno, sólo ante el izquierdo)  y, mentalmente, la de su casa. Y se asombra.

 

– Lo tengo, lo tengo, es increíble, lo tengo,… ¡es increíble!, lo tengo, lo tengo, ¡tengo todos estos discos!.

 

                                   Eluska pregunta incrédula.

 

– ¿Todos?.

 

– ¡Todos!. ¡Hasta el de la “Muñeca Hinchable” de la Orquesta Mondragón!.

– Eres un copión.

– ¡Qué copión ni que ni ques!. ¡Si te acabo de conocer!. ¡Es una coincidencia asombrosa!. ¡Tenemos los mismos treinta y nueve discos!. ¡Esto significa algo!.

– ¿Que te los he robado?.

– ¡No!, ¡que deberíamos liarnos!.

– ¿Y si los rayo?.

– ¡No seas puñetera!. ¿No te das cuenta?. ¡Esto es una señal!. Ser vecinos, tener los mismos discos sin saberlo… debemos dar el siguiente paso.

– Tú debes dar el siguiente paso… hacia tu piso.

 

Taño se emociona ante el hallazgo. Eluska piensa que le miente, porque si no le miente se trata de una coincidencia con reincidencia. Precisamente lo que ella detesta.

 

– Eluska, sé que apenas sabes quién soy, pero hasta ahora no nos ha faltado tema de conversación. Lo que nos falta ahora es un lema de conservación y podremos llegar a ser pareja.

 

     Eluska ve que se ofusca y eso hace que se vuelva brusca.

 

– ¿Cuál es el fundamento de esa conclusión?, ¿una maldita casualidad?.

– ¡Sí!, ¡una bendita casualidad!.

– Mira, Taño, no quiero hacerte daño, pero tu encanto es tacaño y contigo no me apaño.

– ¡Dame una oportunidad!. Algo nos une.

-¡No te debo nada!. En mi escuela había una chica cuya madre cumplía años el mismo día del mismo año que mi padre,  y su padre cumplía años el mismo día del mismo año que mi madre. Hace tiempo que no sé nada de esa chica, no decidimos unir nuestras vidas por un guiño del azar.¡Qué estupidez!.

– ¡Esto es más que un guiño del azar!. ¿Cuánto tiempo has tardado en completar tu colección?. ¿Cómo puede ser que hayamos elegido los mismos  discos de los mismos artistas?. ¡Esto sólo se explica porque estábamos predestinados a estar juntos!.

– ¡No, Taño!. Esto es como lo de los meteoritos que pasan cerca de la Tierra pero sin caer en ella. Tú eres el meteorito y yo la Tierra. En mí no vas a caer.

 

Ambos están pasando un mal rato. Hasta la aguja deja de pinchar el acetato.

 

– La música ha dejado de sonar. Es lo que mantiene nuestra relación. ¡Pon un disco!.

Eluska va a ensayar un fuera de juego. No quiere que Taño le meta un gol.

– Pásame el de la Orquesta Mondragón.

 

Taño recupera la alegría. Finalmente llegará a entenderse con ella. Coge el disco y se lo da.

 

– ¡Toma!. Escuchemos con atención a Javier Gurruchaga ,cantará algo  para nosotros.

– Sus canciones nos señalarán el camino.

– Muy bien, Eluska. ¡Me vas comprendiendo!.

 

Iluso Taño. En vez de poner el disco en el tocadiscos, corre hacia el dormitorio. Taño le persigue temiendo un ardid malintencionado. Ella para ganar segundos le dice “ciérrame esa puerta” y el inocente de él le obedece, momento que ella aprovecha para arrojar el disco a la calle y momento que  propicia que la decepción estalle.

 

– ¡La muñeca se deshinchó!. ¡Ya no tenemos los mismos discos!. ¡Se acabaron las coincidencias!.

 

– ¿Qué has hecho?. ¡Has destrozado una conjunción!, ¡has malogrado una relación!, ¡has arrancado una ilusión!.

– ¡He evitado una manipulación!, ¡he apartado una presión!, ¡he generado una protección!.

– No sabes lo que vas a perder.

– No sabes lo que voy a ganar.

– Te hubiese dado mimos todas las noches.

– Te hubiese dado collejas todas las noches.

– Me das pena.

– Me das asco.

– Bueno, pues no me das pena.

– Bueno, pues me sigues dando asco.

– Me desvecino de ti.

– Desvecínate.

– Ya puedes pedirme sal, que no te  daré.

– Por cierto, ¿me das una pizca de sal?

– ¡Oh, sí!. ¡Bajo enseguida y te la traigo!.

– ¡Sal!.

 

Taño se engaña pretendiendo avivar algo que se extingue. Está ante su último intento de enlazarse con Eluska. Aún no se rinde. Le ha dicho alguna que otra verdad a la cara, pero ya dice el dicho que de las crisis se sale fortalecido. Entra en su casa,busca una orquesta, la encuentra, echa sal en un vaso y sube veloz a recibir un achuchón o una coz.

 

– ¡Mira lo que traigo aquí!, ¡es otra señal!, ¡ni se ha roto ni lo han robado!, ¡es maravilloso!. ¡Pon la de “El hombre de los caramelos”!.

Taño, majo, ¡que no es tan ingenua como tú!.

 

– ¿Cómo dices?,  ¿”El hombre de los camelos”?.

– ¡Qué indirectas me lanzas!.

– Yo te lanzo hasta los discos.

– ¡Sí!. Pero éste lo he recuperado.

– ¿Y si ha caído a la calle por qué no se ha ensuciado de heces perrunas?.

– Bueno, las heces… a veces.

– Alguna concesión te  mereces.

– ¡Sí!. ¡Pon el disco y bailemos!.

– ¡Está bien!. Acepto tu petición… en parte. Pero con una condición.

– ¡La que sea!.

– Si quieres bailar conmigo tienes que echarte sal en la cabeza.

– ¿En parte?.

– No, en total.

 

¿Para eso quería la sal?. Mejor no contrariarle cuando el anhelado premio está al alcance, que no se detenga ahora este accidentado cortejo, que avance. Él se sazona convenientemente y entonces ella le espeta( porque no le respeta):

 

– ¿Pero cómo voy a bailar con un tipo que tiene la cabeza llena de sal?. ¡Hala!, ¡vete a tu casa a lavarte el pelo!. ¡Cochino!.

Golpe duro. Taño se siente más insignificante que nunca. Eluska le está manejando como una marioneta. Es un pelele para ella, no importa cuánto trate de agradarla, siempre le intentará humillar. Es una sádica que no se compadece de él. Todas las ganas que había puesto en este encuentro se las ha tomado ella a burla. Ahora sólo quiere irse de allí cuanto antes. Eluska cree ver lágrimas en sus ojos.

 

– ¡Espera, Taño!, ¡no te vayas así!.

 

Sí, son lágrimas. Eluska le abraza y el pobre se desmorona entre sollozos. Ella le consuela.

 

– ¡Ay, Taño!. Si hubiera aceptado desde el principio que estabas tan escaso de caso, no hubiera sido tan tajante.

– Eres actriz, ¿no?, ¡pues interpreta a una chica cariñosa!.

– Ahora no estoy actuando, estoy siendo yo.

 

– Entonces, ¿no me desprecias?.

– ¡Claro que no!. Pero no puedes ser tan incordiante ni ir tan precipitado la primera vez que estás con una persona.

– Es que los discos…

– He tirado un disco y te has vuelto arisco. Tienes que aprender a darle a cada cosa su importancia real.

– Eso es relativo.

– No seas negativo.

– Quiero ser tu amigo.

– Eso es razonable. Sí, puedes ser mi amigo.

– ¿No me vas a dejar solo?.

– No te voy a dejar solo.

– ¿Podré pintarte?.

– ¡Bien!. Ya seré tu musa.

– ¡Qué buena eres!.

– Ya lo sé.

 

Taño no se despega de Eluska. Aunque ha sido una liada, ha encontrado una aliada. Ha sido patético, pero al final lo ha conseguido. Ahora tendrá que poner unos cimientos más sólidos a esta estrenada amistad. Las personas dan lástima por breve tiempo y él siempre ha tenido el defecto de cansar a la gente. Es débil, está atravesando una mala racha y necesita que le quieran. ¡Ánimo, chaval!.

 

 

 

 

Los Chorizos Parlantes

Los Chorizos Parlantes son los malos de la película. Unos puñeteros ladrones,mecenas y filósofos. Una peculiar cuadrilla que logra seducir o desmoralizar (o las dos cosas a la vez) a todo aquel incauto que se presente en su guarida para reclamar una obra que ellos han robado previamente. Te roban,te humillan pero también te tientan con la posibilidad de triunfar, de ganar dinero aún a costa de dejarte rasgos de tu personalidad o de ideas que en principio querías desarrollar. La pregunta clave: ¿a cuánto estamos dispuestos a renunciar por obtener éxito en nuestras vidas?  Es romántico pensar que actuaríamos como Casivisto, que no nos dejaríamos corromper pero, siendo realistas, casi todos actuaríamos como Taño.

En mi libro los Chorizos Parlantes no son tan poderosos como en la película. En mi relato se dedican a permanecer de okupas en una sala del Centro Cultural Birlibirloque. Allí pasan las horas divagando y disfrutando del botín. Quería un nombre divertido para estos personajes porque están un poco locos. Son Chorizos porque roban y son Parlantes porque le dan mucha importancia a las palabras. Sus nombres “de guerra” se construyen a partir de las dos prímeras sílabas de su nombre de grupo: Cho y Par. En la película sólo se pronuncian los nombres de Parcho y Chorpa, los otros dos se llaman Charpo y Porcha.

Cada uno tiene una forma peculiar de hablar. Charpo es el líder de la tribu, el que habla siempre en primer lugar, sus deseos son órdenes. Porcha es la segunda en jerarquía, se expresa haciendo rimas (esto no se mantuvo en la película). Parcho está seriamente perjudicado mentalmente, se expresa con contradicciones. Chorpa no habla, es una especie de niña-perra, un personaje esencialmente físico. Es la mano ejecutora de los Chorizos Parlantes.Cuando los creé,me gustaba la paradoja de que uno de estos personajes que tanta importancia le conceden a la palabra no dijera ni una. Según Julen, a él le empezó a interesar mi guión por los Chorizos Parlantes. De hecho,se encargó personalmente de escribir los diálogos de Porcha. Si le apetece y surge la oportunidad, le doy permiso para que haga un “spin-off” con ellos en el futuro.

El relato que viene  a continuación lo escribí antes que el de Casivisto y Sani. Aquí, Casivisto no es aún un payaso, es simplemente un buen amigo de Sani,  a la que conoce de antes. Al principio, a Casivisto le iba a llamar Casiguapo. Afortunadamente, cambié de idea a tiempo.BORRADOR 2º

Relato de Casivisto y Sani con los Chorizos Parlantes

Hoy le espera a Sani uno de esos días que justifican su convicción de creer en sí misma, pase lo que pase: hoy es un día escogido en el calendario para la creación. Una nueva obra ha de ponerse en marcha, una nueva maternidad ha de ser sentida. La creatividad es el mejor camino de la vida. Sani mira ansiosa el reloj de la cocina y el timbre suena puntual. Sani sonríe. Cinco minutos después llega un artista con un col­chón a su casa.Y dos artistas en un mismo espacio sólo pueden hacer una cosa: crear.

 

SANI: Pasa, Casivisto, pasa.

CASIVISTO (vacilando): Dame un pelo, que te voy a clonar.

SANI: ¡Mejor si clonaras el dinero!.

CASIVISTO: Con el dinero no puedo charlar y pasar un buen rato.

SANI (contravacilando): Conmigo tampoco. A partir de ahora nos comunicaremos por gestos.

CASIVISTO: Vale. Entonces no te voy a preguntar dónde dejo esta maravilla de colchón.

SANI: Vale. Entonces no te voy a  responder que lo dejes en el cuarto de la derecha.

Casivisto lleva el colchón al cuarto de la derecha. Entra dentro. Ella también.

CASIVISTO: ¡Pues aquí lo dejo!. Tienes el cuarto casi vacío, ¿dónde están esas figuras de cera que vi la última vez?.

SANI: Las vendí.

CASIVISTO: Muy bien. ¿Y las cinco perchas de papel para vestidos de papel para mujeres de papel?.

SANI: Las regalé.

CASIVISTO: Bien. ¿Y el cuadro de leche y vino?.

SANI: Me lo robaron.

CASIVISTO: ¿Aquí?.

SANI: No, allí.

CASIVISTO: ¿En el Centro Cultural Birlibirloque?.

SANI: ¡Claro!. ¿Y te imaginas quiénes han podido ser los ladrones?.

CASIVISTO: Si lo dices en plural es porque ha sido esa cuadrilla de alucinados autode­nominados “Los Chorizos Parlantes”.

SANI (indignada): ¡Exacto!. Tenía exposición en el Birli y la noche antes de inaugurarla me mangaron el cuadro de leche y vino. ¡Me enfadé muchísimo cuando me enteré!. Primero les busqué para pegarles pero luego me acordé de que soy pacífica, después busqué un abogado para demandarles pero luego me acordé de que no confío en la Justicia, más adelante busqué la forma de recuperar mi obra pero luego me acordé de que no puedo lograr­lo sola. Y para eso te he pedido que vengas, para que me ayudes. Los Chorizos Parlantes no pueden gozar siempre de impunidad. No aportan nada al arte de esta ciudad y encima poseen la única sala privada del Birli, donde todos los artistas sabemos que guardan nuestras obras birladas.

CASIVISTO: ¿Y qué forma has buscado para recuperar el cuadro?.

SANI: La forma del colchón que pintaremos.

CASIVISTO: ¿Y ya sabes lo que hay que hacer después?.

SANI: Sí, negociar un trueque con los Chorizos Parlantes.

CASIVISTO: Es difícil negociar con esos pirados, dominan la dialéctica del embrollo y la táctica del tacto acoplado. Te acoplan la mano en la ropa y para desacoplarla tienes que dársela. Verás, puedes salir en bragas de una negociación con ellos.

SANI: Eso no ocurrirá, para eso tengo un aliado que me defenderá.

CASIVISTO (haciéndose el despistado): ¿Quién?.

SANI (señalándole): ¡Tú!.¡Tú me defenderás!, ¡tú saldrás en calzoncillos por mí!.

CASIVISTO: Prefiero salir en bragas, ya puestos…

SANI: ¡Oh, bien!. ¡Si te pone a tono!. Ya te dejaré las bragas marrones que uso para disimular los palominos.

CASIVISTO: Entonces, ¿te ayudo?.

SANI: ¡Claro!, te lo pide tu mejor amiga. ¿No te asustan los Chorizos Parlantes?.

CASIVISTO: No, pero hay que ir con mucha energía mental a la reunión.

SANI: ¡Ya desayunaremos cereales con neuronas!.

 

CASIVISTO: No sé cómo lograremos salirnos con la nuestra, pero va a ser emocionante en­frentarse a ellos.

SANI: Hay que empezar por el principio, creando la nueva obra de arte que sustituya al cuadro de leche y vino en su sala.

CASIVISTO: ¿Y no has pensado en crear otro cuadro de leche y vino y olvidarte del ante­rior?. Es lo que dicta el sentido común. No te quiero quitar la ilusión, pero; no es por hacer de Pepito Grillo, no obstante; no espero que te ofendas, mas…

SANI (ligeramente terca): ¿Y la satisfacción de lograr por primera vez en la historia del Birli que una artista recupere una obra de las garras gorronas de esos cleptóma­nos?. ¡Piénsalo!. Es lo que dicta el sentido de la dignidad.

CASIVISTO (convencido): Después de una frase así, sólo queda ponernos a trabajar en el colchón.

SANI (tocando el colchón): Es un colchón bueno, sin los muelles rebelados. ¿Te ha costado mucho subirlo?.

CASIVISTO: Apenas…lo he subido con la oreja derecha.

SANI: ¿Y con la oreja izquierda qué has hecho?.

CASIVISTO: He subido la cargada bolsa de las compras de una vecina tuya.

SANI: ¿Y las manos?.

CASIVISTO: Las manos metidas en los bolsillos para no cansarlas. Hay que pintar mucho, ¿no?.

SANI: Todo el colchón. Aquí tienes el boceto.

Le pasa una hoja de un cuaderno.

CASIVISTO: A ver… ¡cuánto colorido!. ¿Qué es?.

SANI: Un símbolo inventado. No es más.

CASIVISTO: ¿Tiene nombre?.

SANI: Aún no. ¿Qué te parece “El sueño de Casivisto”?.

CASIVISTO: Si yo sueño con esta imagen, me despierto mareado.

SANI: Gracias por el elogio.

CASIVISTO: ¡No!. Me gusta, Sani, ¡me gusta!. Es intenso.

SANI: ¿Intenso?.

CASIVISTO: Por decir algo.

SANI: ¡Vale!. Comencemos a darle forma a la intensidad.

CASIVISTO: Comencemos, pues.

 

Tienen diez botes de pintura y dos brochas. Los usan.

 

SANI: ¿No quieres un delantal?. Te vas a manchar de pintura.

CASIVISTO: ¿No lo quieres tú?.

SANI: A mí me gusta mancharme de pintura.

CASIVISTO: A mí, también. Cuando terminemos, nos bañamos con la que sobre de los botes.

SANI: Yo cojo del azul y tú del verde. Una raya ancha  arriba. Yo, como soy bajita, pinto la mitad del colchón hacia abajo.

CASIVISTO: ¿Y el símbolo del medio quién lo va a pintar?.

SANI: Yo, porque soy una gran artista.

CASIVISTO: Yo también soy un gran artista.

SANI: Pero yo tengo tetas.

CASIVISTO: En eso no puedo competir.Tú ganas, píntalo tú.

Comienzan a pintar.

 

SANI: Me han dicho que te tiembla el pulso cuando manejas la brocha.

CASIVISTO: Eso sólo me pasa cuando estoy con chicas que se llaman Sani.

SANI: Entonces llámame Sanificación.

CASIVISTO: ¡Vaya nombre!.

SANI: ¡Pues mira que Casivisto…!.

CASIVISTO: Me lo puse para subirme la autoestima.

SANI: ¿Y ha subido mucho?.

CASIVISTO: Ha subido tanto que se ha golpeado con una nube y ahora está convaleciendo por ahí.

SANI: ¿Qué tal vas con la raya?, ¿está recta?.

CASIVISTO: ¿Recta?, ¿pero no había que pintar una curva?.

SANI: A ver, Totakoxe… La has hecho bien. Te estás portando.

CASIVISTO: ¿Qué es un Totakoxe?.

SANI:Un Casivisto con brocha.

CASIVISTO: Oye, pues vaciles aparte, es un nombre idóneo para esta chapuza…digo, para esta obra de arte.

SANI: ¡Sí!. Totakoxe. Me gusta.

CASIVISTO: Ya puedo imaginarme lo que dirán las enciclopedias: “El Totakoxe de Sani, obra insigne de principios del siglo veintiuno que expresa la inquietud del hombre subte­rráneo cuando abren las alcantarillas para limpiarlas”.

SANI: Eso es, Casivisto. Has captado la esencia de lo que quiero transmitir con absoluta perspicacia.

CASIVISTO: Los artistas y su ridícula fijación por el lenguaje rebuscado.

SANI: Ornamentado.

CASIVISTO: Pavimentado.

SANI: Hormigonera.

CASIVISTO: A mi manera. Oye, Sani, la raya azul ya está roja, ahora pinto una raya blanca y la azuleo.

SANI: No, amarilleame una raya negra.

CASIVISTO: Mejor si moradeo una raya rosa, ¿no?.

SANI: Prueba a verdear una raya gris.

CASIVISTO: ¿Lo que has hecho tú ahora?.

SANI: No, yo he verdeado una raya invisible.

CASIVISTO: ¡Anda!, ¡yo también!. He naranjeado una raya invisible. ¡Nos compenetramos!.

SANI: Si seguimos con este nivel de compenetración, igual hasta nos sale bien y no tie­nes que traerme otro colchón. Si hacemos otra obra colchonera, la pintaremos en el exilio.

CASIVISTO: En el exilio del éxito.

SANI : ¡Esa frase sí que es buena!. El exilio del éxito. ¡Así voy a titu­larla! .

CASIVISTO: ¿”El Exilio del Éxito” no suena a fracaso?. Si fuera “El Auxilio del Éxito” o “La Axila del Éxito” quedaría mejor.

SANI: ¡No!. Me encanta ese título. Así se queda. Y punto.

CASIVISTO: Y raya.

SANI: Amarilla.

CASIVISTO: ¿Y yo?.

SANI: A ti te toca negra. Ahora callémonos un poco y trabajemos.

CASIVISTO: ¿Y Totakoxe?.

SANI: ¡Que se vaya  a  pasear  con los Chorizos Parlantes!.

Así continúan los dos socios, pintando la obra que tendrá que sedu­cir a sus rivales, logrando una compensación de los hasta ahora intocables Chorizos Parlan­tes.

UNA SEMANA DESPUÉS

 

Hoy le espera a Sani uno de esos días que justifican su convicción de defender sus obras de arte de esos delincuentes demenciales, de esos declamadores desesperantes; en cuatro pala­bras: de los Chorizos Parlantes. Sani ha lanzado un desafío a esta pandilla. Negocia­rá el trueque de una obra de arte por otra, con toda la dificultad que acarrea llegar a un acuerdo con los Chorizos Parlantes asumida. El momento de pasar semejante trance ha llegado. Sani llega con Casivisto y la obra de arte que crearon (el colchón pintado, finalmente titulado “Totakoxe en el exilio del éxito”) a la sala privada que los Cho­rizos Parlantes tienen en el Centro Cultural Birlibirloque. Les esperan Charpo, Porcha, Parcho y Chorpa, económicamente  engalanados con bolsas de basura y sacos de patatas. Dejan la obra en una esquina y se sientan frente a ellos en un amplio sofá. Casivisto, nada más sentarse, es acosado por Chorpa que quiere quitarle una chancleta. No va a ser una tarde cómoda.

CHARPO (dirigiéndose a Sani): Así que has venido a por el cuadro de leche y vino…

SANI (tensa): ¡Sí!. El cuadro de leche y vino que me robasteis de la exposición.

CHARPO: Nuestra frase es “Los Chorizos Parlantes se quedan con lo que ellos ven antes”, y cuando alguien tiene una frase ha de seguirla porque sino se te pierde y te quedas sin ella. Y si te quedas sin tu frase, ¿qué vas a hacer?, ¿robar el de otra persona?. ¡Eso no se debe hacer!. Robaré cualquier cosa menos una frase. Tengo un código ético.

SANI: Por eso vais las vísperas de inauguración a quedaros con lo ajeno, para ser los que lo veáis antes.

PARCHO: El ritual ha de ser cumplido con tozuda flexibilidad. Lo hacemos, no lo hacemos, siempre, nunca.

SANI (flipada): ¿De qué habla?.

PORCHA: A Parcho le gusta expresarse con contradicciones, le divierte la confusión, lo­grar del significado variaciones, haciendo al revoltijo alusión.

CASIVISTO (apartando a la sobona de Chorpa de su lado): Ésta no habla, sólo actúa. ¡No sé que es más peligroso!.

CHARPO: No somos peligrosos, somos intelectuales espirituales. No le damos ningún valor a lo material. Tú vienes enfadada porque te hemos robado un cuadro, pero… ¿qué vale un cuadro ante el afectuoso guiño de un ojo?.

SANI: ¡Qué morro tienes!. ¡Vete a comprar algo guiñando un ojo en vez de pagándolo!, ¡a ver qué pasa!.

CASIVISTO (haciendo la gracia): ¡Ya me lo imagino!. ¿Cuánto vale el televisor?, ¿quinien­tos noventa y nueve euros?, muy bien, ¡te guiño el ojo quinientas noventa y nueve veces! (lo hace nueve veces). ¡Eh!, no te pago pero te tengo afecto.

CHARPO: Capto tu sarcasmo, pero compréndenos. Nosotros estamos tratando de enseñaros a los artistas que lo material no importa, por eso os provocamos algunas bajas en vues­tra casi siempre desmesurada producción obril, obriana, obrística o como quieras lla­marlo.

SANI: Claro, ¡como tú no has hecho una obra de arte en toda tu vida…!. No sabes lo fastidioso que son esas bajas obrescas, obrosas, obrunas o como quieras llamarlo.

PORCHA: Nuestro arte consiste en enseñarte que lo importante no es ser un Chorizo Parlante ni un artista que recrea siempre su vista, sino un ser humano abstracto que de la sabiduría toma un extracto.

CASIVISTO: Muy bien dicho, pero de la oreja te sale un bicho.

SANI: ¡Ya basta de frases delirantes!, ¡hemos venido a negociar, Chorizos Parlantes!.

PARCHO: A negociar, ¡qué gran envite!. Me pondré un bonito pijama que sea feo y me deje desnudo, además ensayaré un repertorio de canciones que no tengan letra ni melodía. ¡Qué ilusión me produce este momento!. La última vez que negocié era un feto. Hice huel­ga de sed hasta que mi madre dejó de beber burbujeantes refrescos caducados.

SANI: Bueno, oída la última parida, que no será la última, empecemos a negociar.

CHARPO (señala a la obra): Ese colchón pintado es para nosotros, ¿no?.

SANI: ¡Sí!. Es mi última obra de arte. Os la cambio por el cuadro de leche y vino.

CASIVISTO: Se titula “Totakoxe en el exilio del éxito”.

 

CHARPO: ¿Y por qué tenemos que hacer el cambio?.

SANI: Porque lo que os damos es más grande que lo que me quitasteis.

PORCHA: No nos dejamos seducir por el tamaño, es una cualidad que lleva a engaño.

CASIVISTO: Tiene mucha pintura.

CHARPO: Lo otro tiene mucho vino.

CASIVISTO: ¿Acaso vas a catar el vino seco?. ¡Si es que no se ha evaporado ya…!.

CHARPO: ¿Y voy a catar la pintura?. Que, bueno, la pintura me gusta lamerla, pero no así el barniz.

SANI (susurrándole a su colega): Casivisto, no estamos catando la victoria.

CASIVISTO: Alguna debilidad tendrán.

CHARPO: Me parece que el cuadro de leche y vino va a quedarse aquí.

SANI (preocupadísima): ¡No!. Esta obra es más… más… ¡intelectualmente espiritual!. ¡Eso es!. Es obvio lo que el cuadro de leche y vino representa. No es nada abstracto, es muy materialista, muy líquido. En cambio “Totakoxe en el exilio del éxito” está más elaborado, desde lo físico hasta lo conceptual. Tiene algo dentro.

CHARPO (en plan perdonavidas): Buen intento, pero no me convences. Esa explicación no te sale con sinceridad.

CASIVISTO (en plan rescatachicas): ¡Cuando ella dice que tiene algo dentro es porque la obra tiene realmente algo dentro!.

PARCHO:¿Qué es la realidad?, ¿aliviar el picor con cosquillas?, ¿tirarse desde una altu­ra de diez centímetros?, ¿que tu sombra ligue con la mujer que deseas?.

CASIVISTO: La realidad es que si abres el colchón te vas a encontrar algo dentro. ¡Ésa es la realidad!.

 

Sani mira incrédula a Casivisto. Los Chorizos Parlantes, por primera vez, se muestran interesados en el colchón.

 

PORCHA: Seguro que habrá muelles dentro del colchón, no creo que haya un raro chinchón.

CASIVISTO: Coged una espada o algo así y abridlo.

CHARPO: Todavía no hemos robado ninguna espada. Chorpa, palpa a Totakoxe. No me fío de esta pareja.

 

 

 

La callada pero desbordante Chorpa toca el colchón con ganas y, agitándose por la alegría del descubrimiento, señala un punto en concreto del mismo. El mismo Charpo se levanta y examina la parte. Para su sorpresa, palpa algo que no reconoce. Pide a Porcha que se acerque y le hace palpar por donde ha palpado y la rimadora queda intrigada. Parcho también manosea y con su habitual  lucidez  deja bien claro lo que piensa que es.

 

PARCHO: Es un huevo cocido dentro de una cáscara de mandarina.

SANI: Si queréis descubrir lo que es, ya sabéis el precio.

CASIVISTO: El cuadro de leche y vino.

CHARPO: No os pongáis chulitos, a ver si os vamos a quitar a Totakoxe…

SANI (sin arredrarse): Si abusáis de nosotros, Casivisto se peleará contigo.

CASIVISTO (cariacontecido por la ocurrencia de su amiga): Pues… ¡vaya!… bueno… ¡qué compromiso!.

CHARPO: Nos lo vamos a quedar sin contrapartida. ¡Sí!. Bien, Casivisto, ¿estás dispuesto a pelearte conmigo?.

CASIVISTO: Mejor estaría con unos jamones silenciosos… ¡vale!. ¡Pero no valen ni pata­das ni puñetazos en las partes sensibles!.

CHARPO (se ríe): ¡Hala, Porcha!. Explícale.

PORCHA: Nuestras peleas no se basan en puñetazos y patadas, somos personas radicalmente civilizadas. Lo que nos va es el enfrentamiento dialéctico, que es mucho más inteli­gente y ecléctico.

CASIVISTO: ¿Tenemos que insultarnos?.

CHARPO: ¡No!.Yo voy a decir una frase y tú tienes que replicarme con otra que tenga tres palabras de la frase que he dicho. Las preposiciones, los pronombres y los artículos quedan ex­cluídos. La frase ha de tener lógica gramatical y semántica. ¿Entendido?.

CASIVISTO: Sí. Pero parece difícil. ¿No es mejor decir una palabra y con la última sílaba comenzar otra?. Por ejemplo, yo digo avestruz, ¡hala!, di una palabra que comience por truz. Como no hay ninguna, me llevo un punto.

CHARPO: Eres algo listo pero ese juego es para casinecios, es bastante fácil a pesar de la avestruz. Si quieres el cuadro de leche y vino, jugarás a lo que te he dicho.

CASIVISTO: Bueno, hay que resignarse.

CHARPO: Atento. La longitud de la pereza se mide en canicas.

CASIVISTO (que estaría asombrado si no fuera porque ya está inmunizado): Con lo gramati­cal no me meto, pero con lo semántico… en fin. ¡Vaya frase!. Que se vaya y no vuelva.

CHARPO (azuzando): ¿Me replicas o me llevo yo este punto?.

CASIVISTO: ¡Espera!. Te digo esto: El profesor escribió en la pizarra las palabras longi­tud, pereza y canicas.

CHARPO: ¡Chuchupé!.

CASIVISTO: Sí… ¡y último en alturitas se la para!. ¿De qué vas?. La frase es gramatical y semánticamente correcta. ¡Es válida!.

CHARPO (soltando la reprimenda): Ésa es una frase comodín, con una estructura que puedes emplear en todas las réplicas. ¡No es honesto usarla!. ¡Lo tuyo es la ley del mínimo es­fuerzo!. Te pareces a aquel alumno al que le preguntaron cuáles eran los cinco conti­nentes y respondió: Europa, América, África, etcétera..

SANI (entra en acción): Deja, Casivisto. El cuadro de leche y vino es mío, yo jugaré con Charpo.

PARCHO (avisando): Vas a jugar, no lo vas a hacer. Totakoxe beberá el vino y tú acabarás en el exilio del éxito llorando lágrimas de leche. Vas a ganar perdiendo.

SANI: Vale, tío. ¿Vamos a ello?.

CHARPO: Adelante. Empieza tú. Eres más sensata que Casivisto.

CASIVISTO: ¡Vamos, Sani!. ¡Derrótale!.

SANI: A ver… La frase es: Los círculos de la amistad son interesados.

CHARPO (se lo piensa poco): Cuando estemos interesados en tu amistad, haremos círculos en la playa.

SANI: Buena.

CHARPO: Las castañas están podridas porque las empapelan con facturas.

SANI (se lo piensa un poco más): Cuando recibo muchas facturas y las cuentas corrientes están podridas, como castañas para consolarme.

CHARPO: Muy bien.

SANI: La elegancia consiste en comer alubias sin llevar calcetines.

CHARPO (frunce el ceño): Aunque me gusta vestir con elegancia, en época de crisis vendí mis calcetines favoritos por un plato de alubias. Y que conste que tu frase rompe la lógica. Aún así, te la he aceptado. ¿Qué tiene que ver la elegancia con comer alubias sin llevar calcetines?.

SANI (envalentonada): ¿Y desde cuándo las facturas provocan putrefacción en las casta­ñas?. ¿Y desde cuándo se mide la longitud de la pereza en canicas?. ¡O desbarramos los dos o ninguno!.

CHARPO (despectivo): Yo estoy en una posición de ventaja respecto a ti. Yo tengo lo que deseas y además he jugado a esto miles de veces. Te voy a  ganar. Sani, sólo una frase o un poema que me encandilen puede darte una esperanza. Si nada extraordinario surge de tu boca, los Chorizos Parlantes no te devolveremos tu cuadro de leche y vino.

SANI: Sois tremendamente duros.

PORCHA: Somos tremendamente buenos, a los sobrevalorados hacemos de menos. Nos gusta tantear y tontear a la gente, sólo respetamos al que esfuerza su mente. Nos gusta luchar con el lenguaje, llevarlo hasta el ultraje: acosar con palabras en versos, contradicciones y abra­cadabras.

SANI (muy agobiada): Casivisto, ¡vámonos!. Ya haré otro cuadro de leche y vino.

CASIVISTO (arengando): ¡No te rindas, Sani!. Aún nos queda un as en la manga que puede ser una ganga. ¡Eh, Porcha!. ¡No eres la única rimadora!, ¡enróllate con una batidora!. ¡Sani!, ¡recuerda el poema de Mejores Mujeres!. ¡Aquel que escribiste cuando eras feminista integrista!.

SANI (recupera el aliento): ¿Cuando era feminista integrista?, ¡qué época aquella!. Me da vergüen­za recordar… pero el poema merece la pena, ¡sí!. ¡Escucha, Charpo!.

CHARPO: O me sorprendes o te echo de aquí. No voy a  perder más tiempo con vosotros.

SANI: Mejores mujeres afrontan afrentas trotan tretas rompen rampas forman firmes borran barros tejen tejas cosen casas sacian socias legan ligas paren puras mandan mundos.

CHARPO (anonadado): ¿Qué?.

SANI: Digo que mejores mujeres afrontan afrentas trotan tretas rompen rampas forman firmes borran barros tejen tejas cosen casas sacian socias legan ligas paren puras mandan mundos.

CHARPO (encantado): ¡Me encanta!.

PARCHO: Me gusta, mucho, nada.

PORCHA: Es mejorable, pero tu intento es loable.

CHORPA: ¿ ?.

SANI: ¿Te gusta el poema?.

CHARPO: ¡Sí!.

SANI: ¡Pues róbamelo!.

CHARPO: Yo no robo frases…ni poemas. Te lo he dicho antes. ¡Regálamelo!.

SANI: ¡Te lo regalo!.

CHARPO: Recítamelo otra vez para que lo atrape en mi boca definitivamente.

Sani vuelve a recitarlo y Charpo, sin guardar las distancias, hace como que mastica y traga las palabras de ella. Poetisa y mimo. Rozándose.

 

CHARPO: Para nosotros este poema tiene más valor que cualquier obra de arte tuya.

SANI: Muy bien, ¿pero me devolvéis el cuadro de leche y vino?.

CHARPO: Parcho, tráeselo.

PARCHO: Lo traigo no yendo.

 

Y va y lo trae. Sani se emociona. En los últimos días había desarro­llado una absorbente ansiedad por recuperarlo y por fin lo tiene entre sus manos. Y lo más importante, los Chorizos Parlantes no han podido vencerla (aunque no les faltó mucho para conseguirlo). Gracias a la ayuda de Casivisto, que ha reforzado sus ánimos (y que ha tenido que soportar a Chorpa intentando desnudarle mientras ella fraseaba con Charpo), gracias a aquel poema con forma de juego de palabras y fondo reivindicativo. Sani es la primera artista que ha logrado que los Chorizos Parlantes le devuelvan lo robado. Totakoxe quedará en su sala como recuerdo del día de hoy, aunque no le sirvió como me­dio para conseguir el fin; el poema, sí. Sani se lleva su cuadro de leche y vino, el ami­go va con ella y Charpo les acompaña a la puerta. Los otros tres se quedan haciendo distintas manualidades: papiroflexia y cosas de ese tipo. Que no se diga que sólo roban.

 

CHARPO: Sani, te lo has merecido. Te respeto. No te quitaremos nunca nada más.

SANI: ¡Eso espero!.

CHARPO: Te doy mi palabra. Y la palabra es lo único sagrado para los Chorizos Parlantes.

SANI: Bueno, adiós.

CHARPO: Por cierto, Casivisto, ¿qué hay dentro de Totakoxe?.

CASIVISTO (le mira con desdén): ¡Que te den!. ¡Avestruz!.

 

Charpo entiende que no se lo va a decir y cierra de un portazo. La pareja camina relajada por los vacíos pasillos del Birli. Casivisto le pasa cariñosa­mente el brazo por el hombro a Sani. Ella se siente reconfortada junto a él. Y también siente curiosidad por saber lo que hay dentro del colchón.

SANI: Casivisto, tú trajiste el colchón y tú pintaste la parte de arriba. A mí me pareció que no tenía nada especial, pero… ¿qué hay dentro?.

CASIVISTO: Lo mismo que hay dentro de las cabezas de los Chorizos Parlantes.

 

Y con esta respuesta y el gesto cómplice pero ambiguo de Sani (me en­tero pero no me entero) concluye esta historia.

 

 

 

 

Los personajes que no inventé yo

Julia Azul mira intrigada a Taño.

Julia Azul mira intrigada a Taño

Luisma ,con aportaciones de Julen ,creó unos personajes expresamente para la película. Éstos no aparecen en “El bazar zumbón”, no soy el padre biológico de ninguno de ellos. A diferencia de los míos, que sólo tienen nombre, éstos tienen nombre y apellido: Julia Azul, Mario Lario, Don Crisantemo y Tomás Menos. Salvo Julia Azul, que es el personaje secundario más relevante, los demás tienen una breve aparición.

El personaje de Tomás Menos (en la película no se menciona su nombre) es el típico empresario espabilado que cree haber dado con un buen negocio (las camisetas con la imagen de Casivisto) y trata al artista como un obrero que debe limitarse a repetir el producto que funciona hasta la saciedad. No entiende ni quiere entender de visiones creativas, ni que el artista le dé su opinión. Lo interpreta con mucha gracia Gonzalo Juaristi, un actor aficionado.

Mario Lario es el artista que expone en La Galería la primera vez que vemos ese lugar. Es ex novio de Sani y  futuro ex representado de la implacable Julia Azul. Lo interpreta Asier Hormaza, un gran actor vasco.

Don Crisantemo es un crítico de arte bastante antipático y borde. Lo interpreta el periodista Fernando Mikelajauregi.

Julia Azul es una representante de artistas, una interesada de mucho cuidado, que sólo se arrima a alguien cuando intuye que va a triunfar. No dudará en aprovecharse de Taño todo lo que pueda. Aunque en verdad ambos se necesitan. Lo interpreta magistralmente Teresa Calo, otra gran actriz vasca.

Gorka Zubeldia da vida al programador del Birloque, Pili Guerra se convierte en la actriz que rivaliza con Lur en el escenario y el escritor Alain Gonfaus aparece leyendo un texto suyo.

Personajes que le añaden más contenido a la película. Personajes necesarios.

A modo de conclusión

Aún es pronto para saber  si “Arteros” va a convertirse en una película de culto o en una gran y privada frustración de unos aspirantes a cineastas. Si una lección valiosa he aprendido de ser productor es que no deseo volver a ser productor. Ya no sólo por el hecho de tener que gastarme casi todos mis ahorros sin ninguna garantía de retorno económico, sino también por el hecho de que hay que tomar decisiones delicadas, que hacen daño a terceros. Podéis imaginar que el reparto final de la película no estaba asignado desde el principio. No voy a desvelar, tampoco son conocidos, los nombres de otros actores y actrices que iban a interpretar en principio a Casivisto, Taño y Sani (Eluska fue siempre de Lur). Por diversas razones, no eran adecuados para los papeles. Yo decidí quitarles el caramelo de la boca a cuatro de ellos. Si no lo hubiera hecho no tendríamos en la película ni a Óscar , ni a Álvaro ni a Eva. Así que no me arrepiento de lo que hice pero no me gusta quitarle la ilusión a nadie, como no me gusta mandar ni ser mandado, juzgar ni ser juzgado. Además el productor se ve obligado a sumergirse en un mundo de contratos, representantes y abogados que a mí me queda grande. Si a esto añadimos que a veces el director no hace caso de algunos detalles que para mí eran importantes (algunas correcciones en el guión, los títulos de crédito de otra manera)  y que no logramos ninguna subvención ni ayuda económica pública o privada, se entiende que no pretenda repetir la experiencia.

Yo me siento una persona creativa, la labor de productor hay que dejarla en manos de hombres de negocios, en manos de hombres serios. Yo no soy serio. Hacer “Arteros” no fue serio. En un mundo cuadriculado y temeroso del fracaso no suelen darse películas como ésta. Pero existimos. “Arteros” es real y en este blog he dado fe de mi querida película, la fe que puse en su momento para concebirla, impulsarla y , una vez que encontré a las personas que podían ayudarme en este proyecto, sostenerla con mi dinero y mi energía. A lo mejor ya he hecho lo más importante de mi vida. Seguramente no tenga más oportunidades de ayudar a crear una película nunca más. No lo sé. Pero si fuera así, sólo queda defender con cariño esta maravillosa locura que nos unió a Lur, Julen, Luisma y a mí durante 2012. Y,  por supuesto,  un recuerdo afectuoso para todos los que trabajaron duro en hacer realidad “Arteros”. Parafraseando a Bogart en “Casablanca”: Siempre nos quedará “Arteros”.

Queridos lectores de este blog: aquí concluyo todo lo quería contaros sobre mi película y lo que le rodea. Gracias por leerme.  Ojalá os guste lo que hicimos. Ha sido un placer.