La obra

Cartel

Hola. Bienvenidos al blog en el que desvelo algunos detalles de una película original y libre. Arriba tenéis textos que complementan la información que os voy a ofrecer en ésta y las siguientes entradas. Entrad en “Sobre mí”. Después, leed la sinopsis escrita por Martín Llade. Si tenéis curiosidad por ver “Arteros”,  sabed que está disponible en YouTube.

Veréis la película entera con subtítulos en inglés.

 

En este vídeo aparecemos hablando el director y yo:

 

En el siguiente vídeo vuelve a aparecer el director y un actor que se llama Óscar Jaenada. A ver si nuestra película le sirve de trampolín:

http://www.eitb.com/es/videos/detalle/902760/video-cine–comienza-rodaje-donostia-pelicula-arteros/

Espero que encontréis mi blog interesante. Gracias por estar aquí.

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¿Por qué hice la película?

Mi motivación para hacer la película era, como dije en el vídeo de arriba, cumplir un sueño, cumplir una ilusión. En mi ingenuidad pensaba que la película podía abrirme puertas laborales, que podía encauzar mi futuro en el cine. Julen y yo intentamos conseguir subvenciones y apoyos de productoras y cadenas de televisión. Pero no hubo complicidad con nuestro proyecto por parte de los que sí  tienen dinero y medios para hacer que una película llegue al gran público.

Como era un iluso decidí ser valiente y aposté mis ahorros de ocho años de trabajo en una gran aventura. Entonces pensaba que acabaría habiendo un retorno económico, que lograríamos repercusión, que iríamos a algunos festivales y quizá ganaríamos algún premio. Sí. Era un insensato. Tanto como Alberto Córdoba, que me inspiró a la hora de atreverme a hacer la película. Alberto se financió una película con sus ahorros: “Cecilia y Juan”. Claro, que él se gastó mucho menos dinero que yo, sabía dirigir y , además, logró que seleccionaran su obra en la sección alternativa del Festival de Málaga. Ya me hubiera gustado a mí conseguir estar en Málaga. Este vídeo de aquí abajo en el que se autoentrevista es genial:

http://www.youtube.com/watch?v=h1cbXpipqjw

De la idea a la realidad

A Lur Usabiaga la conocí en 1999. Es una chica muy polifacética: hace muñecos, hace cupcakes, canta, cuenta cuentos para niños, presenta veladas de boxeo… Cuando le comenté que estaba dispuesto a poner dinero de mi bolsillo para crear una película, se ofreció a colaborar conmigo y lograrme contactos. Al principio, no teníamos director. Yo había escrito un amago de guión pero sólo daba para un mediometraje. Dicen que la ignorancia es atrevida y yo pensaba que podíamos improvisar y escribir más diálogos mientras ensayásemos. Pero si no sabes bien dónde te metes, mejor que te asesore un profesional. Ese profesional llegó vía Lur. Ella había sido figurante en una película en la que él ejercía de ayudante de dirección. Le habló de mí y de mi proyecto y se mostró dispuesto a ser el director de esa futura película. Esa persona era Julen Robles.

En mi primera conversación con él, le solté unas cuantas ideas peregrinas. Le dije que, con el fin de ahorrar dinero, quería hacer una película Dogma con el mínimo equipo técnico posible y que rodásemos sólo por las mañanas. Al mediodia todo el mundo a su casa y así no había que pagar catering. Se quedó alucinado. Afortunadamente, me hizo comprender que mis “soluciones” no eran nada prácticas y que iban a perjudicar a la película. Me convenció y me dejé aconsejar por él.

Lo primero que hicimos fue montar una productora con la ayuda para los temas legales de un amigo de mi familia: Nicolás Urrestarazu. La productora la bautizamos como “Pon Pon Zinema”. Pon Pon es el nombre de uno de los personajes de mi libro aunque yo suelo decir medio en broma medio en serio que lo puse porque quería decir con ello: “pon ideas, pon dinero”. Él aporto lo de Zinema, cine en vasco.

Lo segundo que hicimos fue modificar el guión. Él quería añadirle un conflicto dramático a mi historia y yo le puse en contacto con mi gran amigo Luisma, de seudónimo Martín Llade. Luisma, que es periodista y escritor, conocía mi libro y podía aportar mucho ingenio al guión, como así fue. Entre los dos se entendieron muy bien y me sorprendieron con sus aportaciones: corrompieron a Taño, hicieron poderosos a los Chorizos Parlantes, hicieron sufrir a Casivisto…Por lo tanto la película iba a contener drama además de comedia. La mezcla resultó acertada, le da más fuerza a la historia. También cambiamos el título del guión. Yo propuse “Artistas totales”; Julen , “Artistas sin más”  y Luisma, “La espalda de Van Gogh”. Al final a Julen se le ocurrió “Arteros”, a mí me gustó y así se quedó.

Lo tercero fue pactar un presupuesto, contratar a la gente necesaria y conseguir los escenarios donde grabaríamos. Lur sería Eluska, el resto de los actores llegaron por recomendaciones. Yo conseguí por mi cuenta al grupo teatral bilbaíno que dio vida a los Chorizos Parlantes y a Unai Rosende y Dennis Conde, los montadores de la película. Julen le pasó el guión a Óscar Jaenada y éste, sorprendentemente, aceptó participar en la película a pesar de que Julen le contó el poco dinero y poco tiempo que tendríamos para hacerla. También llegaron recomendados por terceros Álvaro Manso y Eva Ugarte. De completar el equipo técnico se encargó Julen que tenía muchas amistades en el mundo audiovisual.

“Arteros” tuvo los siguientes escenarios de rodaje: un par de casas particulares (una de ellas la de Lur), un despacho particular, un bar, una galería, dos centros artísticos y un anfiteatro en las afueras de Donosti. Con eso nos bastó.

El rodaje

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Cuando comenzó la acción de verdad, es decir, el rodaje, yo me propuse no crear conflictos innecesarios. Si había confiado en Julen hasta ahora lo más inteligente era seguir confiando en su experiencia y capacidad. Así pues, me propuse no interferir en su trabajo y no asistí los primeros días al rodaje. Todo por el bien de la película, para que las cosas fluyeran sin contratiempos. Me conozco y sé que como era “el dueño de la película” me hubiese resultado muy tentador imponer algunos criterios míos. Pero si hubiese desautorizado a Julen delante del equipo y los actores podía haberse creado un problema mayor, así que decidí darle plena libertad para que dirigiese la película como mejor pudiera y quisiera. Y reconozco que hizo un buen trabajo, teniendo en cuenta los modestos medios con los que contamos y, sobre todo, el escaso tiempo del que dispusimos.

Fueron doce intensos días, dos semanas, de martes a sábado, descanso el domingo y de vuelta al tajo desde el lunes hasta el domingo. Último día de rodaje: 10 de junio. Yo me pasé unas cinco veces por el rodaje, conocí al personal que me faltaba por conocer, ayudé a llevar algunos cuadros a la guarida de los Chorizos Parlantes, jugué al futbolín con Álvaro y él último día repartí unos cuantos billetes y ejemplares de mi libro. La verdad es que todos los implicados se tomaron “Arteros” con mucha seriedad. Curraron mucho y bien.

La foto de arriba se tomó justo al finalizar el rodaje, el 10 de junio de 2012. Estábamos en el bar Bukowski, el Birloque en la ficción. Faltan un par de personas del equipo y algunos actores, pero estamos la mayoría. Sonriendo, felices. Habían trabajado duro,les acababa de pagar por ello. Yo también sonrío, estoy a la izquierda de la “mujer de rojo”, de Lur, de Eluska. El sueño es real, la película es real. Yo sonrío, pero por dentro estoy pensando: ¿Ganaré dinero con la película?

Esto es lo que pasa cuando te conviertes en productor. ¡Te olvidas del romanticismo!

Casivisto y Sani

De todos los personajes que creé para mi libro mi favorito es Casivisto. Hay en él un misterio: es una persona que rompe radicalmente con un pasado que no es revelado y se reinventa transformándose en un artista. Casivisto se muestra siempre ante los demás bajo la imagen de un payaso, esconde su cara e identidad tras este personaje que le ayuda a sentirse libre, a vivir una vida errante pero en la que él es dueño de su tiempo. Casivisto renuncia a su vida anterior y a las personas que han formado parte de ella, renuncia a integrarse en la sociedad capitalista y materialista, renuncia a llevar una vida normal. Sabe que con estas decisiones se arriesga a convertirse en un marginal y un vagabundo, pero él está dispuesto a aceptar lo que le depare el futuro. Yo a veces también tengo ganas de huir y emprender una nueva vida donde no me conozca nadie. Pero la verdad es que no quiero abandonar a mis seres queridos ni abandonar Donosti. Por eso inventé a Casivisto, para que él hiciera lo que yo no haré nunca, para cumplir ese sueño a través de él. ¡Hala! Ya lo he confesado.

Sani es una artista plástica. Vive de las becas mientras confía en lograr encontrar a quien le apadrine. La chica es un encanto y empatiza con Casivisto desde el primer momento que se conocen. Cree que Casivisto será una gran inspiración para ella y un muy buen compañero de juegos. ¿No son acaso los artistas niños que juegan en la edad adulta? En la película, Sani y Eluska son amigas. En el libro, no. De hecho, Casivisto y Sani no se cruzan con Taño y Eluska, sus relatos son independientes. Mi Sani es más fuerte y orgullosa en el libro que en la película. Y su nombre completo es Sanificación. Que no sé si existe, pero si existe Purificación…

A continuación, el relato de Casivisto y Sani.

Anfiteatro 1

Relato de Casivisto y Sani

Un día decidió que ya no quería seguir siendo quien era. Se inven­tó una nueva personalidad. Se miró al espejo, ensayó gestos nuevos y moduló la voz para hallar un tono más acorde con el oficio que a partir de entonces desempeñaría. Compró telas de todos los colores y un sastre se las transformó en llamativos trajes. Sacó del armario su anterior ropa y la donó a la beneficencia. Ahora tenía un ves­tuario con el que no pasaría desapercibido. Como era miope, fue a una óptica y encargó que le hicieran una serie de gafas a medida, cuyas lentes tendrían forma de triángulo invertido. En una tienda de artículos de broma compró una veintena de redondas narices de goma. En el calzado optó por no seguir la moda del zapatón que se estilaba en su gremio y continuó siendo fiel a las chancletas. Haciéndose con una decena de pelucas tricolores y algún que otro complemento como guantes, calcetines o corbatas, ya es­taba listo para disfrazarse de payaso todos los días de su vida. La cara se la pintaba de blanco pero los labios cambiaban de color cada día, al igual que las gafas y la na­riz. La combinación que hacía de sus pantalones, chaquetas y camisas intentaba ser lo más estrafalaria que se pudiera. Con tirantes de plastilina, pantalones que pare­cían recortados de un mantel, camisa que en lugar de botones tenía cremallera horizon­tal y chaqueta que llevaba pegada unas teclas de piano se presentó a buscar trabajo en el único circo permanente de la ciudad: el Circo de las Hermanas Patiño. El em­presario que lo mantenía (que ni era hermana ni era Patiño) le pidió que demostrara sus habilidades y él improvisó unos cuantos monólogos hilarantes y, tocándose las te­clas, bailó la desternillante coreografía de una tarareada canción. Su desparpajo y su comicidad gustaron y le hicieron un contrato. Para sorpresa del empresario y sus socios, el día que lo firmó volvió a aparecer disfrazado de payaso. Cuando le preguntaron por qué no iba vestido de calle y enseñaba su verdadero rostro, él les contestó que ya iba vestido de calle y que aquél era su verdadero rostro. Pronto supieron que aquel payaso era más excéntri­co de lo que se les supone a estos divertidos artistas. El nombre que concordaba con su identidad decía bastante de su sentido del humor, se hacía llamar Casivisto. Porque hubo un tiempo en que se sintió invisible para el resto de la gente, porque habrá un público que siempre verá algo nuevo en él. Además, Casivisto era único. Fusionaba su trabajo con su vida privada. Casivisto era siempre Casivisto, no distinguía unas ocasiones de otras. Era payaso desde que se levantaba hasta que se acostaba. Era payaso en el bar, en el parque, en el supermercado, en cualquier rincón. Era payaso porque quería darse una segunda oportunidad.

El circo era modesto en infraestructura y pretensiones, no contaba con animales ni sadomasoquistas. Había un único artista por cada especialidad del espectáculo. Pero, afortunadamente, era un si­tio de culto y siempre tenía un público asegurado. Siempre complace ser entretenido. Casivisto era arriesgado, salía a escena sin preparar ningún número, lo fiaba todo a su espontaneidad. Lo mismo se reía de su torpeza al tratar de modelar minúsculos castillos de serrín que se ponía a hacer malaba­rismos con los zapatos de los espectadores mientras recitaba indescifrables poemas. El funambulista, la trapecista y el mago le evitaban. Su verborrea torrencial, su rit­mo frenético y su comportamiento atosigante les aturdía. El hecho de no saber quién se ocultaba tras el disfraz y no poder reco­nocerlo sin él, le daba un halo enigmático al personaje, que atraía al público e irri­taba a sus compañeros y jefes. A veces, solía sacarles de sus camerinos con artimañas y los plantaba en mitad de la pista para que interactuaran con él. El espanto de sus colegas no era nada fingido, y el resultado de ver perder los estribos al mago por culpa del payaso que desbarataba sus trucos provocaba las risas del público. Luego le reprobaban su conducta pero la función había sido clamorosamente ovacionada y para eso recibía un salario, para producir jolgorio y desmadre sobre el escenario.

 

Casivisto era contrario a plegarse a unas normas, a distribuir el humor en parcelas con tabús. Para él, el humor debía abarcar todos los acontecimientos de la existencia. Le gus­taba ser disparatado, sarcástico y contagioso. Siempre decía que las últimas palabras de su vida las consumiría en contar un chiste. Su forma de ser le hacía sentirse absolu­tamente libre, pero también le causaba enemistades. Él prefería tener libertad a tener amor. Por lo menos, en su etapa circense. Por lo menos, hasta que conoció a Sani.

Sani estaba en la primera fila un domingo por la tarde. Era una chica de veinticinco años,de escasa estatura pero de amplia hermosura. Casivisto estaba con un micrófono en la mano y la invitó a mantener una conversación desenfadada con él, donde hablarían de lo humano y lo divino mientras harían el pino. Sani, que era una tía decidida y con carácter, salió a la pis­ta y le demostró a Casivisto que sabía estar a la altura de su socarronería. Los focos les iluminaban a ellos dos, los quinientos espectadores que había aquel día iban a pre­senciar, sin saberlo, el comienzo de una amistad muy profunda.

 

– ¿Cómo te llamas?.

– Me llamo Sani.

– ¡Sani!, ¡qué casualidad!, ¡como tú!. ¿Y de dónde viene Sani?.

– De mi pueblo.

– ¡Claro!, ¡de tu pueblo!. ¿Sabes qué es lo que más me gusta de tu pueblo?.

 

 – No.¿Qué?.

– Lo que más me gusta de tu pueblo es el cartel donde pone ”Salida”.

– ¡Si te oyeran mis paisanos te echarían al pilón!.

– Pues pido disculpas rechinantes a tus paisanos. La verdad es que quiero mucho a tu pueblo. Empecé allí mi carrera artística vendiendo bizcochos con morcilla y galle­tas con flúor.

– Yo también tengo carrera artística.

– ¿Ah, sí?. Cuéntanoslo después del anuncio.

– ¿Qué anuncio?.

– Anuncio que renuncio a mi matrícula de la bicicleta por una matrícula de honor.

– ¿No tienes honor?.

– Una vez lo tuve y lo perdí jugando al dominó.

– Por una vez, Casivisto no dominó el juego.

– Es que nunca había jugado al dominó por correo. Hubo muchos chanchullos. Enviaba una ficha y recibía un cubito de hielo disecado. Esa manera de jugar me dejaba frío, todas las parejas que planteaba eran incompatibles.

– Pues, para que entres en calor, te digo que puedes recuperarlo si alguien te dice: “Es un honor conocerte”.

– ¡Y yo sin saberlo!. ¿Me lo dices tú?.

– Es un comodín conocerte. Ya sabes, la palabra” comodín” puede ser la que quieras.

 

– ¡Cómo aprendo contigo!. Oye, Sani, ¿pitufamos?.

– Por correo, quizá. ¿Te hablo de mi carrera artística?.

– ¡Sí, hija, sí!. ¡Promociónate ante tus admiradores!.

– Soy una artista versátil y estos días expongo mi obra en el Birloque. Hago cuadros, esculturas, instalaciones conceptuales…

– Un todo de poco.

– Lo bueno si es breve…

– …a  fascinar se atreve.

– ¡Sí!. Os fascinará mi obra. ¡Venid a verla!.

– ¿Pero qué es esto?. ¡Me estás eclipsando!.

– Todos tenemos derecho a saciar nuestra vanidad.

Todos deseamos pasar a la posteridad del póster.

-Bueno,yo en realidad,humildemente,sólo deseo ser una gran artista y una gran persona.

-Como bien desconocerás,es más fácil ser un gran artista que una gran persona.Y viendo tu obra seguro que llegamos a la conclusión de que eres una gran persona.

-¡Qué gran artista eres!.

 

Un momento especial. Hubo química. Ni acordándolo de antemano con un cómplice hubiera salido más sustancioso el principio de este diálogo que captó mu­cha atención y capturó alguna risa. Sani fue respondona con el payaso que iba predispuesto a avergonzarla. Él soltó una frase tras otra sin calibrar el sentido que adquirían al contraponerlas con las de ella. Ése es el estilo de cada uno: ser brava y ser desconcertante. En algo vital coinciden: hablan sin recapa­citar en lo que van a decir. Así los diálogos son más sinceros, porque siempre tendemos a la autocensura y eso coarta nuestra libertad de expresión e impresión. Lo ideal es que los artistas siempre digan lo que piensan. Sin prejuicios. ¿Con perjuicios?. Posi­blemente. Pero también habrá redención en la intención. ¿Qué dijo Sani?.

– Para ser mi mejor amigo no te bastará con tus acrobacias  verbales.

– Me bastará con que me saque el título de patrón de trombón.

– ¿Y si me haces piruetas con las piruletas?.

– ¿Y si te meto a un bobo en un globo?.

– ¿Y si dejas el circo y te vienes conmigo?.

 

La concurrencia abucheó la ocurrencia de Sani. Casivisto, todo re­cursos, instó a sus seguidores a que respetasen a la chica que le insinuó semejante infidelidad.

 

– No abucheéis, amigos, que la acústica de este templo se resiente. Y dime, Sani, ¿qué ob­tendría a cambio?.

– ¿Qué obtendrías en qué?, ¿en lo crematístico o en lo cromatístico?.

– En lo cromatístico me luzco más que el arco iris.

 

– ¡Sin duda!. No habrá un payaso con un colorido como el tuyo. ¿Cómo me ves? .

– Hoy te veo verde porque llevo gafas verdes.

– Y la nariz negra y los labios morados.

– ¿Y qué haría yo sin el circo?, ¿y qué harían todos estos amigos sin mí?. ¡Soy el alma de este antro!.

 

El público prorrumpió en aplausos y coreó su nombre. Sani no se amilanó.

 

– A mí me gustaría meterte en otro ambiente, presentarte a nuevas personas con las que te sentirías identificado. Me gustaría tenerte de socio. Puedes seguir siendo payaso por donde yo me muevo.

– ¡Yo siempre seré payaso!. Vestido de raso si contigo me caso, con cuarenta grados o con gradas solitarias, en la mordacidad y en la caricatura. Indagando en lo grotesco y explayándome en arrumacos. Mis únicas pertenencias son mis impertinencias.

– Tu locuacidad y tu loca acidez conectan muy bien conmigo. Nos parecemos.

– Funciono a ratos.

– Funcionas a retos.

– ¿De verdad  me quieres de compañero?.

– Define la palabra compañero.

– Compañero es aquel que soportará tus manías, aquel que elevará tu autoestima,aquel que barrerá la porquería de tu alrededor para que tú resplandezcas.

 

 

– ¡Pues sí!. Si eso entiendes tú por compañero, quiero que seas mi compañero.

– Dame tres kilómetros para pensármelo.

– ¡Vale!. ¡Pero cuesta abajo!.

– ¿Por qué no te pasas luego por mi camerino y me concretas lo que me propones?.

– ¡Ahí estaré!.

 

Lo que le pedía Sani era que colaborara con él, que compartiera con ella su creatividad, que proyectaran obras artísticas juntos. La fama de Casivisto cotizaba al alza. Muchos pagaban la entrada sólo por ver­le a él. Él también sentía devoción por la gente que le aclamaba. Nunca hacía dos actuaciones iguales, se esmeraba en no ser redundante, ponía énfasis en estar radiante. A veces pintaba un cuadro inexplicable o se inventaba una ópera con los espectadores de teno­res y sopranos y él de único músico agitando unas castañuelas. Su capacidad para generar entre­tenimiento era inmensa. Por eso Sani deseaba trabajar con él, porque a su juicio no sólo era el mejor payaso de la ciudad, sino que era el mejor artista de la ciudad. Su soltura y sus resortes para apabullar con su imaginación eran infalibles. Era un creador total. Fomentaba con ahínco la fantasía, quería que todos se impregnaran de ella. Casivisto era todo un aliciente para Sani, había calado hondo en ella. Y también había sucedido lo contrario. Ella le deslumbró con su ingenio y su procacidad. Es cier­to que se parecían. Y puede que se estuviera perdiendo un montón de experiencias por enredarse con menos gente de la que podría. Adoraba el circo, pero irse con Sani le ofrecía algo nuevo: una aventura. Y la posibilidad de fraguar una relación que podía llegar a cambiarle como persona. ¿Deseaba cambiar?, ¿deseaba sabotear su espíritu bufonesco?. No podía tratarse de esto último, la sátira nunca la dejaría de lado. Allá donde fuera, tendrían que aceptarle como era. Quizá se encontraría con individuos poco proclives a entender su humor. Podía ser atacado. El miedo con Sani sería medio miedo. El miedo podía desaparecer en un truco del mago. Su coraza se estaba resquebrajando, su corazón estaba trabajando. Con Sani había sentido una chispa, un placer al que quería seguir la pista… en otra pista.

Taño y Eluska

Sin duda, el personaje que sufrió una transformación más radical de todos los que creé es Taño. Luisma y Julen me sorprendieron con los planes que tenían reservados para él. En el libro Taño es un pardillo, un chaval noble e inocente que sólo desea vivir de la pintura y tener amigos. Nunca imaginé que Taño podía acabar convirtiéndose en un tipo duro y ambicioso. Pero cuando consientes que los otros guionistas se tomen libertades con tus personajes pasan estas cosas. Y he de admitir que es un puntazo que Taño se vuelva un cabrón.

Eluska es en cambio una insoportable egocéntrica. Una actriz semiprofesional que se cree divina y que es despectiva con su vecino de abajo. En mi relato ella es más perversa porque maneja a Taño a su antojo. Le vacila todo lo que puede aunque al final se apiada de él. Julen quiso que Eluska apareciese vestida y peinada de diferentes personajes femeninos de películas clásicas en cada secuencia. No sé si esto quedará claro para los espectadores. En La Galería va de Audrey Hepburn en “Desayuno con diamantes” y en la guarida de los Chorizos Parlantes va de Dorothy, el personaje que interpretaba Judy Garland en “El mago de Oz”.

Taño y Eluska componen juntos “Una pareja discordante”. Así titulé el relato en el que hablo de ellos y que, precisamente, es el primero en aparecer en “El bazar zumbón”. Lo de discordante tiene su motivo. Aparte de aludir a su significado obvio, a la incompatibilidad entre ambos, esta palabra lleva en su interior la palabra disco. Y los discos de vinilo juegan un papel importante en el relato. Pasa lo mismo con el título de la película. “Arteros” lleva dentro la palabra arte.

Taño pinta cuadros como guiño a un amigo mío. Se llamaba Raúl del Olmo. Un cuadro de él aparece en la casa de Sani, ella menciona su nombre. Raúl era un pintor de Palencia. Lamentablemente para él y su autoestima, nunca obtuvo reconocimiento por  sus cuadros. Por las razones que fuesen, yo las desconozco, Raúl se quitó la vida en 2006. Cuando yo escribí el libro, en 2001, él estaba vivo. Ojalá estuviera todavía entre nosotros y pudiera haber visto la película. Pero, como le hice reflexionar a Casivisto cuando contempla su cuadro, si su obra está aquí, él está entre nosotros.

A continuación, el relato de Taño y Eluska.

Santuario 3 REDUCIDA