Relato de Taño y Eluska

 
¿Qué pretexto usar cuando se quiere conocer a la vecina de arriba y no hay intermediario que te la presente ni motivo que provoque una visita?. Lo que le pasa a Taño, el protagonista masculino de esta primera historia, es que no tiene el nuevo listín de teléfonos para llevarle ni ha surgido un asunto que exija reunión de vecinos, y se niega a recurrir al manido enganche de “me falta sal, ¿podrías darme una pizca?”. Necesita la receta de la iniciativa con inventiva. Necesita que ocurra algo inusual. Necesita que la vecina deje el balcón abierto para que oiga un cierto número de canciones que, curiosamente, él también tiene. Todas y cada una de las canciones que la vecina pone en su equipo de música a volumen exhibicionista, están repartidas entre sus viejos discos que conserva con nostalgia. A veces, él capta al instante a qué álbum pertenece la música que suena desde arriba y pone el suyo para que coincidan los temas y  se redoble el sonido. ¿Se da  cuenta la vecina del detalle?. No lo parece. Taño va a tener que reafirmar su presencia presentándose ante ella si desea entablar una relación. Una relación que le mantenga alejado de su inseguridad y refuerce su autoestima. Taño necesita que le tengan en cuenta. Pinta cuadros e intenta venderlos. No lo está consiguiendo. Y eso que explora todos los estilos para no restringir su mercado. Ahora está concentrado finalizando un cuadro que va a titular  “La chica de los lindos mofletes”. Sobre el lienzo ha hecho, con un pincel  atado a un compás, un círculo perfecto. En ese círculo ha pintado dos ojos, dos cejas, una nariz, una sonrisa y dos semicírculos que semejan ser las hinchadas mejillas. Fuera del círculo ha pintado dos orejas y, sobre él, mucho pelo rojo. Sólo pinta la cabeza que, puestos a elegir, es más favorecedor que pintar sólo un pie. La retratada es un personaje inspirado en una persona que conoció, una persona que le ha dado muchas emociones en sus fantasías. Las fantasías son un bálsamo para los momentos de crisis. Y contra la crisis lo mejor son unos lindos mofletes, un cuadro pagado y una cita con la vecina de arriba. Decide que mañana se atreverá a subir a verla. Suena el “¡Salta!” de Tequila. Taño salta, eso le destensa. Mañana tendrá que saltar un poco más.

Mañana es ya esta mañana. Taño espera que lo reciba con simpatía, no espera antipatía. Quizá debería mentalizarse para cualquier decepción pero con él esto es en vano. Está muy ilusionado pensando que dentro de una hora tendrá una nueva amiga. Alguien con quien compartir sus miserias muy serias y su júbilo jovial.  Tendrá licencia para ser pelma antes de que la fecha de caducidad ponga en mal estado una sintonía que ella recordará que harto harta la ponía. La amistad se conserva desafiándola. Ésta es una conclusión a la que llegó Taño en uno de sus muchos días insípidos.

 

Menos mal que no son  insonoros. Si algo no falta en su vida es la música y, por lo que oye, tampoco en la de la persona que va a conocer. Más le conviene subir por las notas musicales que por las escaleras. Que sea por los dos caminos. Una escalera, dos, do, re, tres, cuatro, cinco, mi, fa, sol, seis, siete, ocho, la, si, do, nueve, rellano, diez, once, doce, do, la, sol, mi, trece, catorce, descansillo, quince, dieciséis, fa, re, la, diecisiete, dieciocho, diecinueve, mi, do, fa, sol, re, veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés, ya  está. Su puerta, su timbre. Que salga la moza. Relájate, Taño, relájate. Pasan unos segundos. La puerta se abre. Te está mirando. ¡Reacciona!.

– ¡Hola!.

– Dime: bermudas con piernas, camiseta con brazos y pelo pincho con cabeza, ¿quién eres tú?.

– Soy el vecino de abajo.

– ¡Carajo!. ¿Sabes lo que te diría si fueras el vecino del centro?.

– ¿Qué me dirías?.

– ¡Para adentro!.

Se dispone a entrar. Una mano le frena.

– ¡Pero como no eres el vecino del centro no te dejo pasar!.

Taño es muy sensible.

– ¡No seas así!. ¡Soy un buenazo!. ¡Ya verás cómo no te arrepientes de dejarme pasar!.

 

Para implicarla hay que aplicarse.

 

– Pasa, buenazo, pasa. La mitad de lo que digo son tonterías y la otra mitad son bobadas.

Taño accede a su vivienda. Normalmente, lo que suele hacer al conocer por primera vez una casa es visitar el cuarto de baño, ya que se lo suele pedir encarecidamente su vejiga. Y como está obligado a convivir para siempre con su vejiga, es mejor hacerle caso. Esta vez, sin que sirva de precedente, ha meado bajo el suelo que pisa. La vejiga aliviada. Él ,también. Distingue desde el pasillo el equipo de música, al fondo de la sala de estar. Con potentes bafles para que el sonido no deje dudas de por dónde  ha venido. Con certeras preguntas para que el recibido no deje dudas de por qué ha venido.

– ¿A qué has venido?.

– He venido a conocerte.

– Esa frase es mejor reservarla para el segundo día.

 

Se queda cortado. ¿Pero qué otra respuesta le iba a dar?. Ha sido sincero. La sinceridad gusta a las mujeres, ¿no?.

 

– ¿Cómo te llamas?.

– Taño. Me llamo Taño. ¿Y tú?.

– Yo me llamo Eluska.

– ¡Qué bonito!. Tu nombre se parece a… se parece a…..

 

La próxima vez ven más rodado, hijo.

 

– Se parece a Eloske, Ilesku, Ulaski, Alusko, Oliska y decenas de combinaciones más.

– Es que nunca se me dieron bien las combinaciones.

 

     Se van a la sala de estar. Él se sienta en una silla, ella pone un disco de Gabinete Caligari. Él también lo tiene. Suena “Camino Soria”.

 

– Taño, ¿eres maño?.

– No, soy  de más al norte, de Santander.

– Pues también somos vecinos autonómicos. Yo soy de Vascolandia.

– Doblemente vecinos, por lo tanto.

– Cuestión de geografía. No ha sido premeditado.

– ¿No te gustan las coincidencias?.

– No, si son coincidencias con reincidencias. Repasemos nuestros oficios.

– Yo soy pintor.

– Yo soy actriz.

– ¡Vaya!. ¿Has hecho cine?.

-No. No he tenido oportunidades ni me interesa. El teatro es lo que me seduce. Me han dado muchos premios.

– ¡Mira tú  qué bien!. ¿Y  no te chuleas?.

 

– No me hace falta, ya sé que soy la mejor.

– ¡Ya veo que no te chuleas!.

– Chuleate tú ahora.

– No puedo. Soy un fracasado. No vendo ni un cuadro.

– Pues dedícate a otra cosa.

– ¿Que me dedique a otra casa?, ¡si estoy muy a gusto en ésta!.

– ¿Crees que eres gracioso?.

– Eres un poco borde, ¿no?.

– Puedo llegar a ser un barranco, así que no te quejes.

– Procuraré no caerme cuando me arrime demasiado a ti.

– ¿Y por qué te tienes que arrimar demasiado a mí?.

– ¡Porque igual te pinto y empieza a cambiar mi suerte!.

– ¿Quieres utilizarme en tu provecho?. Mira…

 

     Eluska levanta un dedo corazón. Con razón es descorazonador recibir una respuesta tan firme.

 

– Da igual, seguiré pintando sin contar contigo.

– Cuéntame algo diferente.

– Te cuento que me gusta el disco que has puesto.

– Entonces voy a cambiar de disco. Jaime Urrutia ya ha llegado a Soria.

– Que nos mande una postal.

– Eso es. Voy a poner a Miguel Bosé.

 

– Pon “Te amaré”.

– No, mejor pongo “Te odiaré”.

-Bueno…pues pon la de “Bambú” .

– ¡Turá, Tué!.

 

Bosé canta. Eluska es dura de tratar, no está siendo muy amable con él. No le ofrece algo para beber o picar, no le ofrece respuestas que sirvan para que simpaticen. Taño insiste en desterrar cualquier posible tensión.

 

– ¿Y en teatro que estás interpretando?,  ¿un Lope de Vega?, ¿un Buero Vallejo?.

– Una obra titulada ” El reflejo de mi pellejo en el espejo”. La he escrito yo.

– Además de actriz, eres dramaturga… o comediaturga.

– Cubre los dos aspectos. Es una historia tragicómica.

– Es ambivalente.

 -Es evidente.

– Es transparente.

– ¡Sí!. Tiene mucho de transparente. Es una historia narcisista, la protagonista instala espejos por toda su casa. Tapa el techo, las paredes, los muebles y el suelo con los espejos. Lo hace para verse constantemente, le fascina observarse ininterrumpidamente desde que se despierta hasta que se duerme.

 

– ¡Peculiar fijación!. ¿ Y por qué le da por eso?.

– Porque no tiene con quien estar, porque quiere verse la cara mientras come… Hay motivos superficiales y profundos.

– Los espejos son su espejismo.

– ¡Claro!. Ése es el mensaje de mi obra.

– ¿Y hay más actores en tu obra?.

– Sí, y te puedes imaginar lo que piensan del hogar de una mujer que, mire a donde mire, ve su imagen.

– Pensarán que es el hogar de una mirona trastornada.

– Más o menos.

– Esa obra hay que montarla con una estudiada perspectiva sobre el escenario.

– Lógicamente, la parte que da al espectador queda descubierta. ¡Si no, no verían nada!. Pero, de todos modos, el resultado es espectacular. Además, muchos espectadores quedan reflejados en los espejos. Cuando das la espalda, actúas para el público que tienes detrás y lo ves delante. Muy estimulante.

– Notas si les gusta o no mientras recitas.

– Notas su presencia intensamente. No se escapan nunca de tu retina. Están metidos en tu casa aunque en los diálogos debes ignorarlos. Como lo tuyo y lo mío hoy, vamos.

– ¡Qué maja eres!… Pues, ironías aparte, ya me gustaría verte. ¿En qué sala actúas?.

 

– Bueno, esto es teatro no profesional. Cobro una entrada baratita. Las funciones son en el Birloque.

– ¡Ojalá coloque mi pintura en el Birloque!.

– Es el mejor refugio para los artistas. Si no dispones de medios, puedes trabajar tu obra allí y luego presentarla en su galería. Te  dan toda clase de facilidades, tanto si eres conocido como si no, tanto si tienes dinero como si no. Si quieres hacerte un hueco en el circuito cultural de Madrid, vete al Birloque.

– El nombre de Madrid viene de Madre, y a mí  me hace falta algo parecido a una protección materna.

– ¿Madrid viene de Madre?.¿Seguro?.¡Júramelo!.

–  Te lo juro por el flequillo de Loquillo.

– ¡Si Loquillo no lleva flequillo!. ¡Siempre lleva tupé!. ¡Qué mentiroso!.

– ¿Tú qué sabes?. ¡Igual fue  monaguillo y llevó flequillo!.

– Mejor ser un  monaguillo que un mono o un grillo. Como tú.

– ¿Qué pasa?, ¿hay complejos?. Yo no los tengo. Me siento muy orgulloso de descender del mono. Todos somos primos de los primates. Sobre todo del chimpancé, que es nuestro pariente más cercano. Antes que a un perro prefiero a nuestro hermano.

– Pues yo prefiero vivir con un perro antes que con un chimpancé. Me da que el segundo es más indomable.

 

– Es tu elección. Yo te hablo de esta otra: en la vida tienes que elegir entre caminar erguido y mancharte de mierda o caminar encorvado y librarte de ella.

– ¿Me estás hablando de política?.

– No, te estoy hablando de las cagadas de los perros.

– ¡Qué exagerado!.

– ¿Exagerado?. Mira, yo ya he asumido que voy a terminar jorobado pero déjame gritar esto: ¡mecagüen los dueños de los perros!.

– Tienes manía persecutoria con los ñordos caninos.

– Los ñordos caninos nos invaden la calle. Es un hecho. Y la culpa es de  los dueños por no limpiar la mierda de sus mascotas.

– Taño, ñordo, mocordo, chorongo. Estas palabras suenan a canción del verano.

– Claro, ¡como son una mierda!. Menos mi nombre.

– ¿Te pongo una canción del verano?.

– ¡No,  por favor!.

– La de “Aquí no hay playa”.

– En Santander, sí.

– En Donosti, también.

– Pon la de “No te olvides la toalla cuando vayas a la playa, uo  uo sa la lá ye ye ye yé”. Puturrú de Fua tenían su gracia.

– Aún me queda dignidad.

– Y además no tienes el disco.

– No es difícil adivinarlo.

 

– Pues podría adivinar muchos de los discos que tienes.

– ¿Ah, sí?.

– Pon el “Mediterráneo” de los Rebeldes.

– ¡Ése lo tengo!.Has acertado de chiripa.

– ¡De chiripa, no!.¡De oír tus canciones!.

– ¿Y por qué oyes las canciones que pongo?, ¿acaso las pongo altas?.

– ¡No!. Lo que pasa es que tengo el sentido del oído muy desarrollado.

– ¿Acaso paso de mis vecinos con la música?.

– Bueno, si tasaras y vendieras tus discos,  acaso te lo agradecerían.

– ¿Acaso taso mi casa y la vendo?, ¿por  qué iba a desprenderme de ellos?.

– No bases tu hostilidad en mis opiniones, ¡que he venido a conocerte y no a desquiciarme!.

– ¿Acaso baso mi hostilidad en tus opiniones?, ¿por  qué crees que pongo la música tan alta?, ¿crees que me importa escuchar a los demás?.

 

     Se puede controlar el mal rollo cuando es simulado. Eluska sabe cómo vacilar al personal, colega.

 

– Relájate, Taño.¡Que te estoy vacilando!.

 

¿Taño rebajarse a relajarse?. Con esta tía, imposible. Hay  que  estar alerta, salir en cualquier instante por la puerta; no quedarse a una distancia corta o en cualquier instante vendrá una torta.

– Ahora recuerdo a qué se parece tu nombre.

– ¡Has tardado lo tuyo!.

– Se parece a Alaska.

– ¿Alaska?. ¡Qué bien!. ¿Cómo se llamaba el grupo que le acompañaba?.

– Dinarama.

– No, ¡ése no!. El anterior.

– Kaka de Luxe.

– No, ¡ése tampoco!. El posterior.

 

Taño desconfía. Vigila sus manos.

 

– ¿El que formaban Carlos Berlanga, Nacho Canut, Ana Curra y Eduardo Benavente?.

– ¡Sí, ése!. El grupo del que pondré ahora la canción “Bailando”.

– Pues… creo… que…

– Sí… dime… dime.

 

¡Esas manos van a hacerte pupa!.

 

– ¡Los Besamoides!.

– ¿Los Besamoides?. ¡No digas paridas!. ¡Si no te iba a pegar por decir los Pegamoides!.

– Nunca se sabe.

– Si se sabe se besa.

– Otra vez será… ¿puedo ver tus discos?.

– Sólo si los ves con un ojo cerrado.

– ¡Cómo me estás vacilando!.

– Ahora no te estoy vacilando.

 

Alaska toma el relevo a Miguel. Eluska toma el pelo a Taño. Abre una balda y los discos aparecen apilados y apareados. Taño, antes de que el comportamiento voluble de su vecina le haga pasarlo verdaderamente mal, echa un rápido vistazo a los vinilos. Va repasando con el dedo dos listas: físicamente, la que se muestra ante sus ojos (bueno, sólo ante el izquierdo)  y, mentalmente, la de su casa. Y se asombra.

 

– Lo tengo, lo tengo, es increíble, lo tengo,… ¡es increíble!, lo tengo, lo tengo, ¡tengo todos estos discos!.

 

                                   Eluska pregunta incrédula.

 

– ¿Todos?.

 

– ¡Todos!. ¡Hasta el de la “Muñeca Hinchable” de la Orquesta Mondragón!.

– Eres un copión.

– ¡Qué copión ni que ni ques!. ¡Si te acabo de conocer!. ¡Es una coincidencia asombrosa!. ¡Tenemos los mismos treinta y nueve discos!. ¡Esto significa algo!.

– ¿Que te los he robado?.

– ¡No!, ¡que deberíamos liarnos!.

– ¿Y si los rayo?.

– ¡No seas puñetera!. ¿No te das cuenta?. ¡Esto es una señal!. Ser vecinos, tener los mismos discos sin saberlo… debemos dar el siguiente paso.

– Tú debes dar el siguiente paso… hacia tu piso.

 

Taño se emociona ante el hallazgo. Eluska piensa que le miente, porque si no le miente se trata de una coincidencia con reincidencia. Precisamente lo que ella detesta.

 

– Eluska, sé que apenas sabes quién soy, pero hasta ahora no nos ha faltado tema de conversación. Lo que nos falta ahora es un lema de conservación y podremos llegar a ser pareja.

 

     Eluska ve que se ofusca y eso hace que se vuelva brusca.

 

– ¿Cuál es el fundamento de esa conclusión?, ¿una maldita casualidad?.

– ¡Sí!, ¡una bendita casualidad!.

– Mira, Taño, no quiero hacerte daño, pero tu encanto es tacaño y contigo no me apaño.

– ¡Dame una oportunidad!. Algo nos une.

-¡No te debo nada!. En mi escuela había una chica cuya madre cumplía años el mismo día del mismo año que mi padre,  y su padre cumplía años el mismo día del mismo año que mi madre. Hace tiempo que no sé nada de esa chica, no decidimos unir nuestras vidas por un guiño del azar.¡Qué estupidez!.

– ¡Esto es más que un guiño del azar!. ¿Cuánto tiempo has tardado en completar tu colección?. ¿Cómo puede ser que hayamos elegido los mismos  discos de los mismos artistas?. ¡Esto sólo se explica porque estábamos predestinados a estar juntos!.

– ¡No, Taño!. Esto es como lo de los meteoritos que pasan cerca de la Tierra pero sin caer en ella. Tú eres el meteorito y yo la Tierra. En mí no vas a caer.

 

Ambos están pasando un mal rato. Hasta la aguja deja de pinchar el acetato.

 

– La música ha dejado de sonar. Es lo que mantiene nuestra relación. ¡Pon un disco!.

Eluska va a ensayar un fuera de juego. No quiere que Taño le meta un gol.

– Pásame el de la Orquesta Mondragón.

 

Taño recupera la alegría. Finalmente llegará a entenderse con ella. Coge el disco y se lo da.

 

– ¡Toma!. Escuchemos con atención a Javier Gurruchaga ,cantará algo  para nosotros.

– Sus canciones nos señalarán el camino.

– Muy bien, Eluska. ¡Me vas comprendiendo!.

 

Iluso Taño. En vez de poner el disco en el tocadiscos, corre hacia el dormitorio. Taño le persigue temiendo un ardid malintencionado. Ella para ganar segundos le dice “ciérrame esa puerta” y el inocente de él le obedece, momento que ella aprovecha para arrojar el disco a la calle y momento que  propicia que la decepción estalle.

 

– ¡La muñeca se deshinchó!. ¡Ya no tenemos los mismos discos!. ¡Se acabaron las coincidencias!.

 

– ¿Qué has hecho?. ¡Has destrozado una conjunción!, ¡has malogrado una relación!, ¡has arrancado una ilusión!.

– ¡He evitado una manipulación!, ¡he apartado una presión!, ¡he generado una protección!.

– No sabes lo que vas a perder.

– No sabes lo que voy a ganar.

– Te hubiese dado mimos todas las noches.

– Te hubiese dado collejas todas las noches.

– Me das pena.

– Me das asco.

– Bueno, pues no me das pena.

– Bueno, pues me sigues dando asco.

– Me desvecino de ti.

– Desvecínate.

– Ya puedes pedirme sal, que no te  daré.

– Por cierto, ¿me das una pizca de sal?

– ¡Oh, sí!. ¡Bajo enseguida y te la traigo!.

– ¡Sal!.

 

Taño se engaña pretendiendo avivar algo que se extingue. Está ante su último intento de enlazarse con Eluska. Aún no se rinde. Le ha dicho alguna que otra verdad a la cara, pero ya dice el dicho que de las crisis se sale fortalecido. Entra en su casa,busca una orquesta, la encuentra, echa sal en un vaso y sube veloz a recibir un achuchón o una coz.

 

– ¡Mira lo que traigo aquí!, ¡es otra señal!, ¡ni se ha roto ni lo han robado!, ¡es maravilloso!. ¡Pon la de “El hombre de los caramelos”!.

Taño, majo, ¡que no es tan ingenua como tú!.

 

– ¿Cómo dices?,  ¿”El hombre de los camelos”?.

– ¡Qué indirectas me lanzas!.

– Yo te lanzo hasta los discos.

– ¡Sí!. Pero éste lo he recuperado.

– ¿Y si ha caído a la calle por qué no se ha ensuciado de heces perrunas?.

– Bueno, las heces… a veces.

– Alguna concesión te  mereces.

– ¡Sí!. ¡Pon el disco y bailemos!.

– ¡Está bien!. Acepto tu petición… en parte. Pero con una condición.

– ¡La que sea!.

– Si quieres bailar conmigo tienes que echarte sal en la cabeza.

– ¿En parte?.

– No, en total.

 

¿Para eso quería la sal?. Mejor no contrariarle cuando el anhelado premio está al alcance, que no se detenga ahora este accidentado cortejo, que avance. Él se sazona convenientemente y entonces ella le espeta( porque no le respeta):

 

– ¿Pero cómo voy a bailar con un tipo que tiene la cabeza llena de sal?. ¡Hala!, ¡vete a tu casa a lavarte el pelo!. ¡Cochino!.

Golpe duro. Taño se siente más insignificante que nunca. Eluska le está manejando como una marioneta. Es un pelele para ella, no importa cuánto trate de agradarla, siempre le intentará humillar. Es una sádica que no se compadece de él. Todas las ganas que había puesto en este encuentro se las ha tomado ella a burla. Ahora sólo quiere irse de allí cuanto antes. Eluska cree ver lágrimas en sus ojos.

 

– ¡Espera, Taño!, ¡no te vayas así!.

 

Sí, son lágrimas. Eluska le abraza y el pobre se desmorona entre sollozos. Ella le consuela.

 

– ¡Ay, Taño!. Si hubiera aceptado desde el principio que estabas tan escaso de caso, no hubiera sido tan tajante.

– Eres actriz, ¿no?, ¡pues interpreta a una chica cariñosa!.

– Ahora no estoy actuando, estoy siendo yo.

 

– Entonces, ¿no me desprecias?.

– ¡Claro que no!. Pero no puedes ser tan incordiante ni ir tan precipitado la primera vez que estás con una persona.

– Es que los discos…

– He tirado un disco y te has vuelto arisco. Tienes que aprender a darle a cada cosa su importancia real.

– Eso es relativo.

– No seas negativo.

– Quiero ser tu amigo.

– Eso es razonable. Sí, puedes ser mi amigo.

– ¿No me vas a dejar solo?.

– No te voy a dejar solo.

– ¿Podré pintarte?.

– ¡Bien!. Ya seré tu musa.

– ¡Qué buena eres!.

– Ya lo sé.

 

Taño no se despega de Eluska. Aunque ha sido una liada, ha encontrado una aliada. Ha sido patético, pero al final lo ha conseguido. Ahora tendrá que poner unos cimientos más sólidos a esta estrenada amistad. Las personas dan lástima por breve tiempo y él siempre ha tenido el defecto de cansar a la gente. Es débil, está atravesando una mala racha y necesita que le quieran. ¡Ánimo, chaval!.

 

 

 

 

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