Los Chorizos Parlantes

Los Chorizos Parlantes son los malos de la película. Unos puñeteros ladrones, mecenas y filósofos. Una peculiar cuadrilla que logra seducir o desmoralizar (o las dos cosas a la vez) a todo aquel incauto que se presente en su guarida para reclamar una obra que ellos han robado previamente. Te roban, te humillan pero también te tientan con la posibilidad de triunfar, de ganar dinero aún a costa de dejarte rasgos de tu personalidad o de ideas que en principio querías desarrollar. La pregunta clave: ¿a cuánto estamos dispuestos a renunciar por obtener éxito en nuestras vidas?  Es romántico pensar que actuaríamos como Casivisto, que no nos dejaríamos corromper pero, siendo realistas, casi todos actuaríamos como Taño.

En mi libro los Chorizos Parlantes no son tan poderosos como en la película. En mi relato se dedican a permanecer de okupas en una sala del Centro Cultural Birlibirloque. Allí pasan las horas divagando y disfrutando del botín. Quería un nombre divertido para estos personajes porque están un poco locos. Son Chorizos porque roban y son Parlantes porque le dan mucha importancia a las palabras. Sus nombres “de guerra” se construyen a partir de las dos prímeras sílabas de su nombre de grupo: Cho y Par. En la película sólo se pronuncian los nombres de Parcho y Chorpa, los otros dos se llaman Charpo y Porcha.

Cada uno tiene una forma peculiar de hablar. Charpo es el líder de la tribu, el que habla siempre en primer lugar, sus deseos son órdenes. Porcha es la segunda en jerarquía, se expresa haciendo rimas (esto no se mantuvo en la película). Parcho está seriamente perjudicado mentalmente, se expresa con contradicciones. Chorpa no habla, es una especie de niña-perra, un personaje esencialmente físico. Es la mano ejecutora de los Chorizos Parlantes. Cuando los creé, me gustaba la paradoja de que uno de estos personajes que tanta importancia le conceden a la palabra no dijera ni una. Según Julen, a él le empezó a interesar mi guión por los Chorizos Parlantes. De hecho, se encargó personalmente de escribir los diálogos de Porcha.

El relato que viene  a continuación lo escribí antes que el de Casivisto y Sani. Aquí, Casivisto no es aún un payaso, es simplemente un buen amigo de Sani,  a la que conoce de antes. Al principio, a Casivisto le iba a llamar Casiguapo. Afortunadamente, cambié de idea a tiempo.

BORRADOR 2º

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