Relato de Casivisto y Sani con los Chorizos Parlantes

Hoy le espera a Sani uno de esos días que justifican su convicción de creer en sí misma, pase lo que pase: hoy es un día escogido en el calendario para la creación. Una nueva obra ha de ponerse en marcha, una nueva maternidad ha de ser sentida. La creatividad es el mejor camino de la vida. Sani mira ansiosa el reloj de la cocina y el timbre suena puntual. Sani sonríe. Cinco minutos después llega un artista con un col­chón a su casa.Y dos artistas en un mismo espacio sólo pueden hacer una cosa: crear.

 

SANI: Pasa, Casivisto, pasa.

CASIVISTO (vacilando): Dame un pelo, que te voy a clonar.

SANI: ¡Mejor si clonaras el dinero!.

CASIVISTO: Con el dinero no puedo charlar y pasar un buen rato.

SANI (contravacilando): Conmigo tampoco. A partir de ahora nos comunicaremos por gestos.

CASIVISTO: Vale. Entonces no te voy a preguntar dónde dejo esta maravilla de colchón.

SANI: Vale. Entonces no te voy a  responder que lo dejes en el cuarto de la derecha.

Casivisto lleva el colchón al cuarto de la derecha. Entra dentro. Ella también.

CASIVISTO: ¡Pues aquí lo dejo!. Tienes el cuarto casi vacío, ¿dónde están esas figuras de cera que vi la última vez?.

SANI: Las vendí.

CASIVISTO: Muy bien. ¿Y las cinco perchas de papel para vestidos de papel para mujeres de papel?.

SANI: Las regalé.

CASIVISTO: Bien. ¿Y el cuadro de leche y vino?.

SANI: Me lo robaron.

CASIVISTO: ¿Aquí?.

SANI: No, allí.

CASIVISTO: ¿En el Centro Cultural Birlibirloque?.

SANI: ¡Claro!. ¿Y te imaginas quiénes han podido ser los ladrones?.

CASIVISTO: Si lo dices en plural es porque ha sido esa cuadrilla de alucinados autode­nominados “Los Chorizos Parlantes”.

SANI (indignada): ¡Exacto!. Tenía exposición en el Birli y la noche antes de inaugurarla me mangaron el cuadro de leche y vino. ¡Me enfadé muchísimo cuando me enteré!. Primero les busqué para pegarles pero luego me acordé de que soy pacífica, después busqué un abogado para demandarles pero luego me acordé de que no confío en la Justicia, más adelante busqué la forma de recuperar mi obra pero luego me acordé de que no puedo lograr­lo sola. Y para eso te he pedido que vengas, para que me ayudes. Los Chorizos Parlantes no pueden gozar siempre de impunidad. No aportan nada al arte de esta ciudad y encima poseen la única sala privada del Birli, donde todos los artistas sabemos que guardan nuestras obras birladas.

CASIVISTO: ¿Y qué forma has buscado para recuperar el cuadro?.

SANI: La forma del colchón que pintaremos.

CASIVISTO: ¿Y ya sabes lo que hay que hacer después?.

SANI: Sí, negociar un trueque con los Chorizos Parlantes.

CASIVISTO: Es difícil negociar con esos pirados, dominan la dialéctica del embrollo y la táctica del tacto acoplado. Te acoplan la mano en la ropa y para desacoplarla tienes que dársela. Verás, puedes salir en bragas de una negociación con ellos.

SANI: Eso no ocurrirá, para eso tengo un aliado que me defenderá.

CASIVISTO (haciéndose el despistado): ¿Quién?.

SANI (señalándole): ¡Tú!.¡Tú me defenderás!, ¡tú saldrás en calzoncillos por mí!.

CASIVISTO: Prefiero salir en bragas, ya puestos…

SANI: ¡Oh, bien!. ¡Si te pone a tono!. Ya te dejaré las bragas marrones que uso para disimular los palominos.

CASIVISTO: Entonces, ¿te ayudo?.

SANI: ¡Claro!, te lo pide tu mejor amiga. ¿No te asustan los Chorizos Parlantes?.

CASIVISTO: No, pero hay que ir con mucha energía mental a la reunión.

SANI: ¡Ya desayunaremos cereales con neuronas!.

 

CASIVISTO: No sé cómo lograremos salirnos con la nuestra, pero va a ser emocionante en­frentarse a ellos.

SANI: Hay que empezar por el principio, creando la nueva obra de arte que sustituya al cuadro de leche y vino en su sala.

CASIVISTO: ¿Y no has pensado en crear otro cuadro de leche y vino y olvidarte del ante­rior?. Es lo que dicta el sentido común. No te quiero quitar la ilusión, pero; no es por hacer de Pepito Grillo, no obstante; no espero que te ofendas, mas…

SANI (ligeramente terca): ¿Y la satisfacción de lograr por primera vez en la historia del Birli que una artista recupere una obra de las garras gorronas de esos cleptóma­nos?. ¡Piénsalo!. Es lo que dicta el sentido de la dignidad.

CASIVISTO (convencido): Después de una frase así, sólo queda ponernos a trabajar en el colchón.

SANI (tocando el colchón): Es un colchón bueno, sin los muelles rebelados. ¿Te ha costado mucho subirlo?.

CASIVISTO: Apenas…lo he subido con la oreja derecha.

SANI: ¿Y con la oreja izquierda qué has hecho?.

CASIVISTO: He subido la cargada bolsa de las compras de una vecina tuya.

SANI: ¿Y las manos?.

CASIVISTO: Las manos metidas en los bolsillos para no cansarlas. Hay que pintar mucho, ¿no?.

SANI: Todo el colchón. Aquí tienes el boceto.

Le pasa una hoja de un cuaderno.

CASIVISTO: A ver… ¡cuánto colorido!. ¿Qué es?.

SANI: Un símbolo inventado. No es más.

CASIVISTO: ¿Tiene nombre?.

SANI: Aún no. ¿Qué te parece “El sueño de Casivisto”?.

CASIVISTO: Si yo sueño con esta imagen, me despierto mareado.

SANI: Gracias por el elogio.

CASIVISTO: ¡No!. Me gusta, Sani, ¡me gusta!. Es intenso.

SANI: ¿Intenso?.

CASIVISTO: Por decir algo.

SANI: ¡Vale!. Comencemos a darle forma a la intensidad.

CASIVISTO: Comencemos, pues.

 

Tienen diez botes de pintura y dos brochas. Los usan.

 

SANI: ¿No quieres un delantal?. Te vas a manchar de pintura.

CASIVISTO: ¿No lo quieres tú?.

SANI: A mí me gusta mancharme de pintura.

CASIVISTO: A mí, también. Cuando terminemos, nos bañamos con la que sobre de los botes.

SANI: Yo cojo del azul y tú del verde. Una raya ancha  arriba. Yo, como soy bajita, pinto la mitad del colchón hacia abajo.

CASIVISTO: ¿Y el símbolo del medio quién lo va a pintar?.

SANI: Yo, porque soy una gran artista.

CASIVISTO: Yo también soy un gran artista.

SANI: Pero yo tengo tetas.

CASIVISTO: En eso no puedo competir.Tú ganas, píntalo tú.

Comienzan a pintar.

 

SANI: Me han dicho que te tiembla el pulso cuando manejas la brocha.

CASIVISTO: Eso sólo me pasa cuando estoy con chicas que se llaman Sani.

SANI: Entonces llámame Sanificación.

CASIVISTO: ¡Vaya nombre!.

SANI: ¡Pues mira que Casivisto…!.

CASIVISTO: Me lo puse para subirme la autoestima.

SANI: ¿Y ha subido mucho?.

CASIVISTO: Ha subido tanto que se ha golpeado con una nube y ahora está convaleciendo por ahí.

SANI: ¿Qué tal vas con la raya?, ¿está recta?.

CASIVISTO: ¿Recta?, ¿pero no había que pintar una curva?.

SANI: A ver, Totakoxe… La has hecho bien. Te estás portando.

CASIVISTO: ¿Qué es un Totakoxe?.

SANI:Un Casivisto con brocha.

CASIVISTO: Oye, pues vaciles aparte, es un nombre idóneo para esta chapuza…digo, para esta obra de arte.

SANI: ¡Sí!. Totakoxe. Me gusta.

CASIVISTO: Ya puedo imaginarme lo que dirán las enciclopedias: “El Totakoxe de Sani, obra insigne de principios del siglo veintiuno que expresa la inquietud del hombre subte­rráneo cuando abren las alcantarillas para limpiarlas”.

SANI: Eso es, Casivisto. Has captado la esencia de lo que quiero transmitir con absoluta perspicacia.

CASIVISTO: Los artistas y su ridícula fijación por el lenguaje rebuscado.

SANI: Ornamentado.

CASIVISTO: Pavimentado.

SANI: Hormigonera.

CASIVISTO: A mi manera. Oye, Sani, la raya azul ya está roja, ahora pinto una raya blanca y la azuleo.

SANI: No, amarilleame una raya negra.

CASIVISTO: Mejor si moradeo una raya rosa, ¿no?.

SANI: Prueba a verdear una raya gris.

CASIVISTO: ¿Lo que has hecho tú ahora?.

SANI: No, yo he verdeado una raya invisible.

CASIVISTO: ¡Anda!, ¡yo también!. He naranjeado una raya invisible. ¡Nos compenetramos!.

SANI: Si seguimos con este nivel de compenetración, igual hasta nos sale bien y no tie­nes que traerme otro colchón. Si hacemos otra obra colchonera, la pintaremos en el exilio.

CASIVISTO: En el exilio del éxito.

SANI : ¡Esa frase sí que es buena!. El exilio del éxito. ¡Así voy a titu­larla! .

CASIVISTO: ¿”El Exilio del Éxito” no suena a fracaso?. Si fuera “El Auxilio del Éxito” o “La Axila del Éxito” quedaría mejor.

SANI: ¡No!. Me encanta ese título. Así se queda. Y punto.

CASIVISTO: Y raya.

SANI: Amarilla.

CASIVISTO: ¿Y yo?.

SANI: A ti te toca negra. Ahora callémonos un poco y trabajemos.

CASIVISTO: ¿Y Totakoxe?.

SANI: ¡Que se vaya  a  pasear  con los Chorizos Parlantes!.

Así continúan los dos socios, pintando la obra que tendrá que sedu­cir a sus rivales, logrando una compensación de los hasta ahora intocables Chorizos Parlan­tes.

UNA SEMANA DESPUÉS

 

Hoy le espera a Sani uno de esos días que justifican su convicción de defender sus obras de arte de esos delincuentes demenciales, de esos declamadores desesperantes; en cuatro pala­bras: de los Chorizos Parlantes. Sani ha lanzado un desafío a esta pandilla. Negocia­rá el trueque de una obra de arte por otra, con toda la dificultad que acarrea llegar a un acuerdo con los Chorizos Parlantes asumida. El momento de pasar semejante trance ha llegado. Sani llega con Casivisto y la obra de arte que crearon (el colchón pintado, finalmente titulado “Totakoxe en el exilio del éxito”) a la sala privada que los Cho­rizos Parlantes tienen en el Centro Cultural Birlibirloque. Les esperan Charpo, Porcha, Parcho y Chorpa, económicamente  engalanados con bolsas de basura y sacos de patatas. Dejan la obra en una esquina y se sientan frente a ellos en un amplio sofá. Casivisto, nada más sentarse, es acosado por Chorpa que quiere quitarle una chancleta. No va a ser una tarde cómoda.

CHARPO (dirigiéndose a Sani): Así que has venido a por el cuadro de leche y vino…

SANI (tensa): ¡Sí!. El cuadro de leche y vino que me robasteis de la exposición.

CHARPO: Nuestra frase es “Los Chorizos Parlantes se quedan con lo que ellos ven antes”, y cuando alguien tiene una frase ha de seguirla porque sino se te pierde y te quedas sin ella. Y si te quedas sin tu frase, ¿qué vas a hacer?, ¿robar el de otra persona?. ¡Eso no se debe hacer!. Robaré cualquier cosa menos una frase. Tengo un código ético.

SANI: Por eso vais las vísperas de inauguración a quedaros con lo ajeno, para ser los que lo veáis antes.

PARCHO: El ritual ha de ser cumplido con tozuda flexibilidad. Lo hacemos, no lo hacemos, siempre, nunca.

SANI (flipada): ¿De qué habla?.

PORCHA: A Parcho le gusta expresarse con contradicciones, le divierte la confusión, lo­grar del significado variaciones, haciendo al revoltijo alusión.

CASIVISTO (apartando a la sobona de Chorpa de su lado): Ésta no habla, sólo actúa. ¡No sé que es más peligroso!.

CHARPO: No somos peligrosos, somos intelectuales espirituales. No le damos ningún valor a lo material. Tú vienes enfadada porque te hemos robado un cuadro, pero… ¿qué vale un cuadro ante el afectuoso guiño de un ojo?.

SANI: ¡Qué morro tienes!. ¡Vete a comprar algo guiñando un ojo en vez de pagándolo!, ¡a ver qué pasa!.

CASIVISTO (haciendo la gracia): ¡Ya me lo imagino!. ¿Cuánto vale el televisor?, ¿quinien­tos noventa y nueve euros?, muy bien, ¡te guiño el ojo quinientas noventa y nueve veces! (lo hace nueve veces). ¡Eh!, no te pago pero te tengo afecto.

CHARPO: Capto tu sarcasmo, pero compréndenos. Nosotros estamos tratando de enseñaros a los artistas que lo material no importa, por eso os provocamos algunas bajas en vues­tra casi siempre desmesurada producción obril, obriana, obrística o como quieras lla­marlo.

SANI: Claro, ¡como tú no has hecho una obra de arte en toda tu vida…!. No sabes lo fastidioso que son esas bajas obrescas, obrosas, obrunas o como quieras llamarlo.

PORCHA: Nuestro arte consiste en enseñarte que lo importante no es ser un Chorizo Parlante ni un artista que recrea siempre su vista, sino un ser humano abstracto que de la sabiduría toma un extracto.

CASIVISTO: Muy bien dicho, pero de la oreja te sale un bicho.

SANI: ¡Ya basta de frases delirantes!, ¡hemos venido a negociar, Chorizos Parlantes!.

PARCHO: A negociar, ¡qué gran envite!. Me pondré un bonito pijama que sea feo y me deje desnudo, además ensayaré un repertorio de canciones que no tengan letra ni melodía. ¡Qué ilusión me produce este momento!. La última vez que negocié era un feto. Hice huel­ga de sed hasta que mi madre dejó de beber burbujeantes refrescos caducados.

SANI: Bueno, oída la última parida, que no será la última, empecemos a negociar.

CHARPO (señala a la obra): Ese colchón pintado es para nosotros, ¿no?.

SANI: ¡Sí!. Es mi última obra de arte. Os la cambio por el cuadro de leche y vino.

CASIVISTO: Se titula “Totakoxe en el exilio del éxito”.

 

CHARPO: ¿Y por qué tenemos que hacer el cambio?.

SANI: Porque lo que os damos es más grande que lo que me quitasteis.

PORCHA: No nos dejamos seducir por el tamaño, es una cualidad que lleva a engaño.

CASIVISTO: Tiene mucha pintura.

CHARPO: Lo otro tiene mucho vino.

CASIVISTO: ¿Acaso vas a catar el vino seco?. ¡Si es que no se ha evaporado ya…!.

CHARPO: ¿Y voy a catar la pintura?. Que, bueno, la pintura me gusta lamerla, pero no así el barniz.

SANI (susurrándole a su colega): Casivisto, no estamos catando la victoria.

CASIVISTO: Alguna debilidad tendrán.

CHARPO: Me parece que el cuadro de leche y vino va a quedarse aquí.

SANI (preocupadísima): ¡No!. Esta obra es más… más… ¡intelectualmente espiritual!. ¡Eso es!. Es obvio lo que el cuadro de leche y vino representa. No es nada abstracto, es muy materialista, muy líquido. En cambio “Totakoxe en el exilio del éxito” está más elaborado, desde lo físico hasta lo conceptual. Tiene algo dentro.

CHARPO (en plan perdonavidas): Buen intento, pero no me convences. Esa explicación no te sale con sinceridad.

CASIVISTO (en plan rescatachicas): ¡Cuando ella dice que tiene algo dentro es porque la obra tiene realmente algo dentro!.

PARCHO:¿Qué es la realidad?, ¿aliviar el picor con cosquillas?, ¿tirarse desde una altu­ra de diez centímetros?, ¿que tu sombra ligue con la mujer que deseas?.

CASIVISTO: La realidad es que si abres el colchón te vas a encontrar algo dentro. ¡Ésa es la realidad!.

 

Sani mira incrédula a Casivisto. Los Chorizos Parlantes, por primera vez, se muestran interesados en el colchón.

 

PORCHA: Seguro que habrá muelles dentro del colchón, no creo que haya un raro chinchón.

CASIVISTO: Coged una espada o algo así y abridlo.

CHARPO: Todavía no hemos robado ninguna espada. Chorpa, palpa a Totakoxe. No me fío de esta pareja.

 

 

 

La callada pero desbordante Chorpa toca el colchón con ganas y, agitándose por la alegría del descubrimiento, señala un punto en concreto del mismo. El mismo Charpo se levanta y examina la parte. Para su sorpresa, palpa algo que no reconoce. Pide a Porcha que se acerque y le hace palpar por donde ha palpado y la rimadora queda intrigada. Parcho también manosea y con su habitual  lucidez  deja bien claro lo que piensa que es.

 

PARCHO: Es un huevo cocido dentro de una cáscara de mandarina.

SANI: Si queréis descubrir lo que es, ya sabéis el precio.

CASIVISTO: El cuadro de leche y vino.

CHARPO: No os pongáis chulitos, a ver si os vamos a quitar a Totakoxe…

SANI (sin arredrarse): Si abusáis de nosotros, Casivisto se peleará contigo.

CASIVISTO (cariacontecido por la ocurrencia de su amiga): Pues… ¡vaya!… bueno… ¡qué compromiso!.

CHARPO: Nos lo vamos a quedar sin contrapartida. ¡Sí!. Bien, Casivisto, ¿estás dispuesto a pelearte conmigo?.

CASIVISTO: Mejor estaría con unos jamones silenciosos… ¡vale!. ¡Pero no valen ni pata­das ni puñetazos en las partes sensibles!.

CHARPO (se ríe): ¡Hala, Porcha!. Explícale.

PORCHA: Nuestras peleas no se basan en puñetazos y patadas, somos personas radicalmente civilizadas. Lo que nos va es el enfrentamiento dialéctico, que es mucho más inteli­gente y ecléctico.

CASIVISTO: ¿Tenemos que insultarnos?.

CHARPO: ¡No!.Yo voy a decir una frase y tú tienes que replicarme con otra que tenga tres palabras de la frase que he dicho. Las preposiciones, los pronombres y los artículos quedan ex­cluídos. La frase ha de tener lógica gramatical y semántica. ¿Entendido?.

CASIVISTO: Sí. Pero parece difícil. ¿No es mejor decir una palabra y con la última sílaba comenzar otra?. Por ejemplo, yo digo avestruz, ¡hala!, di una palabra que comience por truz. Como no hay ninguna, me llevo un punto.

CHARPO: Eres algo listo pero ese juego es para casinecios, es bastante fácil a pesar de la avestruz. Si quieres el cuadro de leche y vino, jugarás a lo que te he dicho.

CASIVISTO: Bueno, hay que resignarse.

CHARPO: Atento. La longitud de la pereza se mide en canicas.

CASIVISTO (que estaría asombrado si no fuera porque ya está inmunizado): Con lo gramati­cal no me meto, pero con lo semántico… en fin. ¡Vaya frase!. Que se vaya y no vuelva.

CHARPO (azuzando): ¿Me replicas o me llevo yo este punto?.

CASIVISTO: ¡Espera!. Te digo esto: El profesor escribió en la pizarra las palabras longi­tud, pereza y canicas.

CHARPO: ¡Chuchupé!.

CASIVISTO: Sí… ¡y último en alturitas se la para!. ¿De qué vas?. La frase es gramatical y semánticamente correcta. ¡Es válida!.

CHARPO (soltando la reprimenda): Ésa es una frase comodín, con una estructura que puedes emplear en todas las réplicas. ¡No es honesto usarla!. ¡Lo tuyo es la ley del mínimo es­fuerzo!. Te pareces a aquel alumno al que le preguntaron cuáles eran los cinco conti­nentes y respondió: Europa, América, África, etcétera..

SANI (entra en acción): Deja, Casivisto. El cuadro de leche y vino es mío, yo jugaré con Charpo.

PARCHO (avisando): Vas a jugar, no lo vas a hacer. Totakoxe beberá el vino y tú acabarás en el exilio del éxito llorando lágrimas de leche. Vas a ganar perdiendo.

SANI: Vale, tío. ¿Vamos a ello?.

CHARPO: Adelante. Empieza tú. Eres más sensata que Casivisto.

CASIVISTO: ¡Vamos, Sani!. ¡Derrótale!.

SANI: A ver… La frase es: Los círculos de la amistad son interesados.

CHARPO (se lo piensa poco): Cuando estemos interesados en tu amistad, haremos círculos en la playa.

SANI: Buena.

CHARPO: Las castañas están podridas porque las empapelan con facturas.

SANI (se lo piensa un poco más): Cuando recibo muchas facturas y las cuentas corrientes están podridas, como castañas para consolarme.

CHARPO: Muy bien.

SANI: La elegancia consiste en comer alubias sin llevar calcetines.

CHARPO (frunce el ceño): Aunque me gusta vestir con elegancia, en época de crisis vendí mis calcetines favoritos por un plato de alubias. Y que conste que tu frase rompe la lógica. Aún así, te la he aceptado. ¿Qué tiene que ver la elegancia con comer alubias sin llevar calcetines?.

SANI (envalentonada): ¿Y desde cuándo las facturas provocan putrefacción en las casta­ñas?. ¿Y desde cuándo se mide la longitud de la pereza en canicas?. ¡O desbarramos los dos o ninguno!.

CHARPO (despectivo): Yo estoy en una posición de ventaja respecto a ti. Yo tengo lo que deseas y además he jugado a esto miles de veces. Te voy a  ganar. Sani, sólo una frase o un poema que me encandilen puede darte una esperanza. Si nada extraordinario surge de tu boca, los Chorizos Parlantes no te devolveremos tu cuadro de leche y vino.

SANI: Sois tremendamente duros.

PORCHA: Somos tremendamente buenos, a los sobrevalorados hacemos de menos. Nos gusta tantear y tontear a la gente, sólo respetamos al que esfuerza su mente. Nos gusta luchar con el lenguaje, llevarlo hasta el ultraje: acosar con palabras en versos, contradicciones y abra­cadabras.

SANI (muy agobiada): Casivisto, ¡vámonos!. Ya haré otro cuadro de leche y vino.

CASIVISTO (arengando): ¡No te rindas, Sani!. Aún nos queda un as en la manga que puede ser una ganga. ¡Eh, Porcha!. ¡No eres la única rimadora!, ¡enróllate con una batidora!. ¡Sani!, ¡recuerda el poema de Mejores Mujeres!. ¡Aquel que escribiste cuando eras feminista integrista!.

SANI (recupera el aliento): ¿Cuando era feminista integrista?, ¡qué época aquella!. Me da vergüen­za recordar… pero el poema merece la pena, ¡sí!. ¡Escucha, Charpo!.

CHARPO: O me sorprendes o te echo de aquí. No voy a  perder más tiempo con vosotros.

SANI: Mejores mujeres afrontan afrentas trotan tretas rompen rampas forman firmes borran barros tejen tejas cosen casas sacian socias legan ligas paren puras mandan mundos.

CHARPO (anonadado): ¿Qué?.

SANI: Digo que mejores mujeres afrontan afrentas trotan tretas rompen rampas forman firmes borran barros tejen tejas cosen casas sacian socias legan ligas paren puras mandan mundos.

CHARPO (encantado): ¡Me encanta!.

PARCHO: Me gusta, mucho, nada.

PORCHA: Es mejorable, pero tu intento es loable.

CHORPA: ¿ ?.

SANI: ¿Te gusta el poema?.

CHARPO: ¡Sí!.

SANI: ¡Pues róbamelo!.

CHARPO: Yo no robo frases…ni poemas. Te lo he dicho antes. ¡Regálamelo!.

SANI: ¡Te lo regalo!.

CHARPO: Recítamelo otra vez para que lo atrape en mi boca definitivamente.

Sani vuelve a recitarlo y Charpo, sin guardar las distancias, hace como que mastica y traga las palabras de ella. Poetisa y mimo. Rozándose.

 

CHARPO: Para nosotros este poema tiene más valor que cualquier obra de arte tuya.

SANI: Muy bien, ¿pero me devolvéis el cuadro de leche y vino?.

CHARPO: Parcho, tráeselo.

PARCHO: Lo traigo no yendo.

 

Y va y lo trae. Sani se emociona. En los últimos días había desarro­llado una absorbente ansiedad por recuperarlo y por fin lo tiene entre sus manos. Y lo más importante, los Chorizos Parlantes no han podido vencerla (aunque no les faltó mucho para conseguirlo). Gracias a la ayuda de Casivisto, que ha reforzado sus ánimos (y que ha tenido que soportar a Chorpa intentando desnudarle mientras ella fraseaba con Charpo), gracias a aquel poema con forma de juego de palabras y fondo reivindicativo. Sani es la primera artista que ha logrado que los Chorizos Parlantes le devuelvan lo robado. Totakoxe quedará en su sala como recuerdo del día de hoy, aunque no le sirvió como me­dio para conseguir el fin; el poema, sí. Sani se lleva su cuadro de leche y vino, el ami­go va con ella y Charpo les acompaña a la puerta. Los otros tres se quedan haciendo distintas manualidades: papiroflexia y cosas de ese tipo. Que no se diga que sólo roban.

 

CHARPO: Sani, te lo has merecido. Te respeto. No te quitaremos nunca nada más.

SANI: ¡Eso espero!.

CHARPO: Te doy mi palabra. Y la palabra es lo único sagrado para los Chorizos Parlantes.

SANI: Bueno, adiós.

CHARPO: Por cierto, Casivisto, ¿qué hay dentro de Totakoxe?.

CASIVISTO (le mira con desdén): ¡Que te den!. ¡Avestruz!.

 

Charpo entiende que no se lo va a decir y cierra de un portazo. La pareja camina relajada por los vacíos pasillos del Birli. Casivisto le pasa cariñosa­mente el brazo por el hombro a Sani. Ella se siente reconfortada junto a él. Y también siente curiosidad por saber lo que hay dentro del colchón.

SANI: Casivisto, tú trajiste el colchón y tú pintaste la parte de arriba. A mí me pareció que no tenía nada especial, pero… ¿qué hay dentro?.

CASIVISTO: Lo mismo que hay dentro de las cabezas de los Chorizos Parlantes.

 

Y con esta respuesta y el gesto cómplice pero ambiguo de Sani (me en­tero pero no me entero) concluye esta historia.

 

 

 

 

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